Semblanza de Fernando Villarán de la Puente
Por Benjamín Marticorena
Fernando Villarán de la Puente, que hoy recibe un homenaje de la Asociación de Egresados de la PUCP, nació en 1946, entre el final de una época y el inicio de otra. La que se iba era la de los imperios coloniales, la población mayoritariamente rural y la ciencia per se. La que llegaba era la de las nuevas utopías de postguerra, de la insurgencia de la TV, de los nuevos horizontes de la democracia y la política, de las migraciones que con los años harían de Lima la ciudad representativa del país que nunca antes había sido, y la ciencia como instrumento para el desarrollo de la cultura, la producción y los servicios públicos. Los cambios de paradigmas filosóficos y tecnológicos de esos años llegaron con el transistor, el ADN y la energía nuclear y, con ellos, la conversión de la información en bien transable por excelencia.
Fernando vivió su niñez en Lima de los 50. Su orientación educativa con los sacerdotes marianistas, eminentemente práctica, y un ambiente familiar estimulante, serían el entorno favorable para hacer de él un hombre con alta sensibilidad social, actitud política, impulso empresarial y filiación académica; atributos que raramente se ven reunidos en una única personalidad. Fernando es capaz de entusiasmarse con un triciclo fabricado en Juliaca, por su potencial de paradigma tecnológico de desarrollo peruano; con el remezón universal de la Perestroika y de la Glasnost, confirmando que junto con la microelectrónica entrábamos en una nueva era para la sociedad mundial; y con el auto solar luego del protocolo de Kyoto. Esas características lo definen como un hombre de fe, con responsabilidad intelectual y atento al pulso de la sociedad.
Un dato elocuente de su trayectoria vital es el viaje, en las condiciones precarias de un vagabundo, que realizó de Lima al Cusco, recién ingresado a la UNI. Por asociación de ideas, nos evoca el viaje en dirección contraria (del Cusco a Lima) realizado por otro joven peruano –José de la Riva Agüero- a lomo de mula en 1912, en busca de la identidad del país al que iba a servir y en el que iba a vivir. El viaje de Riva Agüero dio a luz un hermoso libro (Paisajes Peruanos). El de Villarán le serviría para acumular experiencia para las tareas que serían las suyas en los años venideros.
Ya en la UNI, Fernando tendría un nuevo ambiente estimulante. Gracias a la influencia del ingeniero y economista Luis Felipe de las Casas y a las lecturas de Arguedas, Scorza y Alegría, el baño de identidad que Fernando Villarán buscaba se fue completando: la ingeniería le enseñaba los caminos técnicos y administrativos del desarrollo mientras que la economía le daba una visión más holística del mundo, por lo que ya formado como ingeniero industrial siguió la Maestría en Economía de la PUCP con profesores de la notabilidad de Adolfo Figueroa, Máximo Vega Centeno y Javier Iguíñiz. Fernando fue el primer alumno en aprovechamiento en esa maestría.
No es extraño, así, su salto a la empresa: luego de cinco ensayos de construcción de empresa, creó una de consultoría para el desarrollo, SASE-Consultores, muy exitosa desde la que realiza una intensa actividad por el desarrollo del país y agrupa a un núcleo amplio y prestigioso de especialistas. Su desarrollo profesional está íntimamente vinculado a la pequeña empresa, como empresario, organizador gremial (Fernando es fundador de COPEME, un consorcio de instituciones de promoción de las Pequeñas y Medianas Empresas) y conceptualizador. Creo que es el ideólogo más reconocido de las PYMES en el Perú. Desde sus pasos por la UNI, tuvo interés por la “Innovación tecnológica, como clave para el desarrollo”, cuando este concepto aun no maduraba entre los economistas venidos del exterior. Con estos antecedentes, Fernando Villarán será Ministro de Trabajo en el gobierno de Toledo, cargo desde el que realiza una reforma sustantiva de ese Ministerio para que incluya las PYMES y el empleo, y desmontando el potencial trastorno social que representaba el despido durante el gobierno de Fujimori, de 200 mil trabajadores, cuya situación legal tenía aspectos jurídicos pendientes de atenderse y que reivindicaban su derecho a ser repuestos. Fernando Villarán describe, con su vida profesional, académica y política, un triángulo de Sábato resumido en una sola persona. |