La república / opinión/ 3 de abril de 1985

La vitrina nuclear argentina

En el documento titulado “Estrategia del desarrollo de la energía nuclear en la república Argentina, presentado en la 15ª. Conferencia Anual del Foro Atómico Industrial Japonés, en marzo de 1982, puede leerse lo siguiente: “Dentro de la colaboración con los países latinoamericanos destaca la constitución conjunta con el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), de un centro atómico a 30 Km. de Lima este rector consiste en un reactor de investigación e irradiación de 10 MW (1MW equivale a 1 000 KW). Con su planta de producción de radioisótopos, laboratorio de física, química y biología y un centro nacional de protección radiológica y seguridad nuclear. La experiencia de este proyecto conjunto ha abierto el camino para contratos similares con otros países”.

Esto muestra la importancia que presta Argentina al proyecto de construcción de centro atómico que el IPEN ha llamado Centro Nuclear de Investigación de Perú (CNIP).
Argentina ha logrado un desarrollo nuclear que necesita una política de transferencias de tecnología adecuada, como medio para realimentar dicho desarrollo. Sin embargo esa república no domina a escala industrial, todos los aspectos de la tecnología nuclear, como por ejemplo la producción de Uranio enriquecido. Nuestro país ha recurrido a la república federal de Alemania para la fabricación de los elementos combustible del reactor RP10, que necesitan ese Uranio.

Por eso, cuando el presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de Argentina convocó, en noviembre de 1983, a los periodistas para anunciar la construcción de la planta de enriquecimiento de Uranio en Pilcaniyeu, declaró: “la desventaja de no disponer de Uranio enriquecido la hemos vivido en el compromiso asumido con el Perú para la construcción de un centro nuclear, donde se debió asignar a un proveedor externo la fabricación de elementos combustibles para el reactor RP-10, diseñado y construido por nosotros como parte esencial de dicho centro, pese a dominar la tecnología de tal fabricación.

En el proyecto con el Perú, Argentina esta arriesgando su prestigio y, probablemente su futuro comercial en el área nuclear. Debe tenerse en cuenta que el reactor RP-10, es el más grande que esa república ha construido dentro de es tipo de reactores de investigación. Por esta razón Argentina no dudó en financiar (por intermedio de un préstamo al Perú). La construcción del CNIP.
Existen algunos aspectos que hacen peligrar las esperanzas Argentinas. Por ejemplo el retardo de la construcción del CNIP, el éxodo de técnicos y profesionales nucleares debido a la mala política de personal del IPEN, el consecuente riesgo que el CNIP se convierta en un elefante banco por falta de personal. El éxodo del personal es agravado por la expulsión de técnicos y profesionales como medida de amedrentamiento contra la justificada protesta de los que aún no renunciaban.

Vemos pues que el proyecto conjunto del CNIP, es motivo de grandes expectativas por parte de Argentina y, porque no decirlo, de nuestro país que puede lograr un importante espacio en el desarrollo nuclear, gracias a la consiguiente transferencia de tecnología. Para salvar esta empresa necesita, entonces, de la comprensión Argentina de nuestras capacidades técnicas económicas, para un replanteamiento de la política de cooperación con nuestro país. Por nuestra parte debemos trazar una nueva política nuclear tomando en cuenta nuestro potencial humano y los intereses del país.