La república, 14 de julio de 1985
El saber y el poder
El 40 aniversario de la bomba atómica (16 de julio), y de su utilización en Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto), debe ser propicio para que hombres de Estado y hombres de ciencia reflexionen sobre las relaciones que deben existir entre ellos a fin de garantizar el buen uso del saber.
El gran poder energético que se puede detentar con el uso del núcleo atómico, y la gran capacidad destructiva que conlleva, puede resumirse en la siguiente frase: "las propiedades de la materia tienen alcances casi ¡limitados y pueden ser conocidas por el hombre, citando cuenta con un ambiente de investigación adecuado".
El hombre de ciencia, escudriñando los dominios escondidos de la naturaleza, se convierte en el explorador de nuevas fronteras cuyas riquezas son incomensurables. La riqueza del conocimiento es el tesoro moderno, perseguido por los estados que así lo han comprendido. Las antiguas carabelas que servían para conquistar territorios y pueblos son ahora reemplazadas por laboratorios? Los soldados, valientes y robustos, ceden el lugar a hombres cuya pasión es descubrir los secretos de la naturaleza.
El hombre de Estado debe estar con vencido que la ciencia no es un lujo ni mucho menos un derroche. No desarrollar ni apoyar la. ciencia significa para los países, un atraso que es cada vez más irreversible.
El poder usado brutalmente, a ciegas, está condenado a la ruina. El reino del terror y el desprecio por la ciencia han tenido consecuencias funestas para Hitler, afortunadamente para la Humanidad. Los científicos perseguidos y despreciados en la Alemania nazi demostraron con la construcción de la bomba, su gran error.
El conocimiento de los secretos de la naturaleza tienta a los Estados. El poder que conlleva el conocer les turba y en algunos casos, los obnubila y les induce a usarlo para destruir a la Humanidad. Aquí nace el conflicto. El hombre de ciencia expropiado de sus secretos de sus descubrimientos, pierde el control de éstos, Los Estados se erigen entonces en propietarios y responsables de lo que se construya y se destruya con los conocimientos.
De allí que nace la necesidad de diálogo entre hombres de ciencia y hombres de Estado. Pero no un diálogo personal de un científico determinado con un gobernante de turno. Se requiere que los hombres de ciencia se organicen y discutan, Que propongan, por intermedio de sus organizaciones, soluciones a los problemas que aquejan a sus países,
En nuestros países el científico tiene una gran responsabilidad, que no ha sido bien comprendida por los gobernantes, Expuestos a grandes limitaciones económicas y, en algunas oportunidades, a persecuciones (sobre todo en el caso de dictaduras) que los obligan a partir al extranjero para seguir trabajando, con la esperanza de un retorno. A cuántos cíentíficos sudamericanos no habré visto investigando sobre temas que interesan sólo a los países desarrollados, en los laboratorios del extranjero,
El saber es una riqueza que debemos apreciar. Un gobernante sabio puede darse perfecta cuenta de la importancia de la investigación. Hoy en día las superpotencias se disputan los secretos de la ciencia, Los países menos desarrollados, requieren estos secretos para sobrevivir. Sus gobernantes tienen la obligación de tener presente que las materias primas ya no serán las que aseguren un futuro envidiable, hay necesidad de transformarlos. El saber y la permanente búsqueda de nuevas fronteras fértiles de la ciencia, son requisito; indispensables para la superación del subdesarrollo.