La república, 6 de agosto de 1985
Colisiones infernales
Imaginemos la colisión de dos mundos a la velocidad de 100 mil kilómetros por segundo. El choque de dos astros como el Sol, y sus respectivos planetas a velocidades inverosímiles. Los astros se parten en pedazos cuyas temperaturas
llegan a los millones de grados centígrados. Esos pedazos en ebullición pierden, por evaporación, fragmentos que salen disparados a velocidades muy altas. Con el tiempo los fragmentos van perdiendo su temperatura infernal y, alejándose en el infinito, toman formas estables para dar lugar a mundos normales.
La imaginación del hombre tiene su base en la realidad. Si tales colisiones no son probables en la naturaleza, el hombre las crea para estudiar la materia en sus condiciones extremas. En Caen, Francia, ha sido construido un acelerador de átomos pesados que logran velocidades cercanas a la velocidad de la luz (300 mil kilómetros por segundo). Los átomos, que son como sistemas planetarios ultramieroscópicos, acelerados a tales velocidades son focalízados sobre otros átomos. El producido choque de mundos no puede verse con microscopios, pero los numerosos pedazos son detectados electrónicamente.
Un pedazo de mundo es capaz de producir una señal electrónica curva intensidad depende de su velocidad, Las numerosas señales son llevadas al computador que almacena las informaciones que serán luego interpretadas por los físicos nucleares. La energía liberada en cada choque es varias veces superior a la energía liberada en cada fisión nuclear, producida en la reacción en cadena de un reactor o de una bomba atómica, Pero se experimenta con colisiones en un número inferior al número de fisiones que se producen en las mencionadas reacciones en cadena.
El choque de mundos atómicos se realiza en cámaras especiales protegidas y aisladas. Sólo los detectores son los testigos directos. Los físicos se encuentran en la alejada sala de control recibiendo la información transportada por centenares de cables.
El experimento al que hago mención está llevándose a cabo en el Gran Acelerador Nacional de lones Pesados (GANIL) que ha sido construido en colaboración entre el Centro Nacional de Investigación Científica (CNIRS) y la Comisión de Energía Atómica (CEA) de Francia. Los físicos que realizamos el experimento, hemos venido de Berlín, Bruselas, Líma y Orsay.
Doy cuenta de esta experiencia gracias a la característica (no me cansaré de repetirlo) de colaboración que existe en el mundo científico. El CNRS y el CEA son organismos con decenas de miles de empleado. Sin embargo se unen para llevar a cabo sus proyectos. En dichos proyectos los científicos del mundo entero pueden colaborar y llevar a sus países nuevos conocimientos. Este espíritu de colaboración es indispensable. Unir fuerzas para avanzar. Crear el ambiente para que la ciencia sea humana en el completo sentido de la palabra.
El choque de mundos atómicos no será tal vez un tema de urgencia para nosotros, pero las técnicas electrónicas, informáticas, entre otras, que se utilizan en ese experimento pueden ser utilizadas en experimentos con directa influencia en el desarrollo que se defina para el Perú. La experiencia de GANIL muestra una vez más que la colaboración es el camino. Nosotros tenernos excelentes científicos e ingenieros, apoyemos sus esfuerzos que conforman el potencial humano que también es necesario para los planes del nuevo Perú.