La República, 21 de agosto de 1985
JAPÓN:
Conquista el mundo
El GO, juego de mesa favorito de Japón, tiene por principio ganar territorios.
Para ello no se necesita destruir las fronteras del rival. Basta con introducirse
en el territorio del contrincante y crear dominios inexpugnables. Para una
isla como el Japón esta idea es seductora.
Ya a mediados del siglo pasado, el emperador Mutsu-Hito comprendió que la ciencia y la técnica serían el mejor medio para desarrollar su imperio. Abolió el feudalismo e inició un proceso de modernización basado, al principio, en la asimilación de la ciencia y tecnología mundial (cuyo centro, en ese momento, se encontraba en Europa). Este proceso hizo que Japón se convierta en uno de los países más influyentes de la Tierra.
Japón, víctima de la bomba atómica, derrotado y humillado en 1945, comenzó a reconstruirse copiando los productos tecnológicos del occidente. Luego los perfeccionó, y ahora los inventa con una originalidad y eficacia que las otras potencias envidian. Japón comenzó a introducirse casi imperceptiblemente en el mercado norteamericano y europeo, y ahora ha creado verdaderos dominios comerciales. En este mundo, el comercio internacional poco se diferencia de la guerra. Japón la está ganando. Para mantener este ritmo conquistador, avanza hacia nuevas fronteras de la ciencia y la tecnología con la seguridad que éstas le aportarán nuevas posibilidades de conquista.
En las revistas especializadas, continuamente se da cuenta de las proezas que logra la investigación científico-tecnológica japonesa. Como ejemplo podríamos mencionar el tren (a nivel experimental) que, gracias a la técnica de levitación magnética, alcanza velocidades superiores a 300 km/hora.
Japón se destaca sobre todo en la electrónica. Poco a poco está abandonando las actividades basadas en el trabajo intensivo para reemplazarlas por aquellas de conocimiento avanzado como los semiconductores. Esta tendencia se expresa en la popular frase japonesa: “de pesado, grueso, largo y ancho hacia liviano, corto, angosto y pequeño”. Genya Shiba, director de la Administración de Investigación en la Corporación de Desarrollo de la Investigación de Gobierno, declara: “el futuro de Japón depende de la ciencia y la tecnología”.
Para hacer frente a la gran competencia en la Investigación. Japón ha comenzado a construir ciudades científico-industriales llamadas tecnópolis. En éstas conviven las instalaciones industriales y las universidades que proporcionan los científicos e ingenieros. La tecnópolis son abastecidas de lo necesario para un desarrollo acelerado, como fuentes de agua, medios de transporte terrestre y aéreo. Se planean construir unas diez tecnópolis además de las diez ya en operación.
La ambición futurista de Japón, basada en el gran potencial científico con que cuenta, lo ha decidido a construir la ciudad científica Tsukuda, en la que trabajan unos 6.500 científicos e ingenieros y que cuenta con 28.000 hectáreas, donde se han instalado 53 universidades e institutos científicos de investigación. Tsukuda nació por el deseo permanente de los científicos de crear un ambiente propicio para la colaboración interdisciplinaria.
Es evidente el rol histórico que le tocará
vivir a Japón, debido a su gran potencial científico-tecnológico.
Algunos piensan que desplazará definitivamente al occidente, que se
encuentra ante un impasse causado por las profundas contradicciones creadas
en su seno. No es la primera vez que el centro de desarrollo de las ciencias
cambia de posición geográfica y etnológica. Los 2.000
años de dominación europea parece que llegan a su límite.
Otros centros han visto terminar su hegemonía, cuando surgen naciones
frescas y deseosas de progreso. El caso de Japón se diferencia de gran
parte de los antiguos centros de desarrollo científico y tecnológico,
por el hecho de contar con una isla sin grandes recursos naturales. De su
ciencia depende su supervivencia.