La República, 09 de noviembre de 1985.
POLÍTICA
La universidad del cambio
La universidad en los países en crisis son los principales centros del ataque de los conservadores. La razón es relativamente fácil de comprender en la universidad se confrontan ideas, se discute, se interactúa con la mayoría de los sectores de la nación, se toman posiciones que marcan la vida política de los estudiantes, profesores y de los futuros profesionales. La universidad no sólo puede, sino debe participar en la búsqueda de una salida a la crisis. Los sectores que controlan la economía, la política, y pretenden modular los valores, para provecho propio, consideran que esto es demasiado.
Los obreros, campesinos y desempleados son, evidentemente, los más interesados de salir de esta insoportable situación. Aunque mayoría en el país, esos sectores están minoritariamente representados en la universidad. Los hijos de aquellos, son los que observan, en forma menos indirecta, las contradicciones de la situación actual. Son ellos que saben lo ruda que es la vida de aquellos que sostienen, con su hambre, los centros educativos del país. Son ellos lo que sienten el imperativo deseo de cambio, y los medios que le otorgue el Estado son fundamentales para la forma como lo asuman. El otro componente de la universidad es la pauperizada clase media.
Así, la universidad se ha convertido en la universidad de los pobres. Los gobiernos saben perfectamente el peligro de una clase pobre y educada. No es, entonces, casualidad que las primeras medidas que toman las dictaduras es de enviar las tropas a las fábricas y a las universidades.
No es tampoco casualidad que los gobiernos conservadores traten de pauperizarla o controlarla. Se ha visto que a partir de los años setenta, conjuntamente son los sectores populares, la universidad ha sufrido un deterioro de sus condiciones de existencia, hasta llegar a límites insospechados.
Consciente de su responsabilidad, la universidad reacciona
y está presta a participar en la concepción y práctica
de un Plan Nacional. El potencial humano con que cuenta la universidad tiene
la capacidad y el deseo de hacerlo. Este mismo deseo anima, según entendemos,
las decisiones gubernamentales. Nada más lógico que el Gobierno
otorgue los medios para facilitar la actividad universitaria. Abandonar o
limitar la autonomía de la universidad, sería amputar a la sociedad
de uno de sus miembros más importantes. La juventud universitaria perdería
las esperanzas nacientes de poder trabajar por la transformación de
la sociedad dentro del cuadro que el Estado le plantea. Consciente del peligro
la universidad defenderá su supervivencia y de nuevo veríamos
el desperdicio de las fuerzas en acciones ajenas a los problemas concretos
de la sociedad. Una política universitaria adecuada, en cuyo diseño
participe la universidad, es, entonces, necesaria y urgente.