16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La República, 30 de enero de 1986.

Argentina y Brasil por la paz

El Presidente de Argentina, Raúl Alfonsín, y el Presidente de Brasil, José Sarney, han anunciado el inicio de programas de cooperación nuclear entre sus países. Para apreciar la importancia de este anuncio debemos recordar algunos aspectos de la sensible tensión nuclear que existía entre los países.

Argentina y Brasil justificaban sus grandes esfuerzos en el dominio nuclear con el temor mutuo de que el otro esté en vías de construir el arma nuclear. Este temor se basó en el hecho que ambos países poseen la tecnología necesaria para tal fin; y que además operaban instalaciones fuera del control de salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica, que trata de impedir el desvío de las aplicaciones nucleares hacia fines militares. La desconfianza se agudizó durante los gobiernos militares. Argentina desarrollaba, en secreto, investigaciones de enriquecimiento de uranio, que fueron dadas a conocer poco tiempo antes de la elección de Raúl Alfonsín. Brasil trató de disminuir la ventaja argentina realizando investigaciones similares y poniendo en marcha un costos programa de construcción de reactores nucleares, que debió frenar a causa de la crisis económica.

Desde que el Presidente Alfonsín tomó el mando se preocupó por crear una nueva política nuclear cuyo ejecutor es la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). En esta comisión se reemplazó la dirección militar por una civil, como muestra de su voluntad de cambio. Además, el Presidente argentino, manifestaba, públicamente y en foros internacionales, su deseo de limitar el programa nuclear de su país a investigaciones estrictamente pacíficas.

En Brasil, el gobierno militar no se pronunciaba respecto a la nueva posición argentina. La elección de un gobierno civil abrió las puertas a la concretización de la distensión entre los dos países. El Presidente Sarney no era especialmente conocido por sus declaraciones respecto a la política nuclear.

El anuncio de cooperación nuclear, luego del reciente encuentro entre los presidentes de Argentina y Brasil, significa un gran paso hacia la distensión nuclear en América del Sur, sobre todo porque será, según el anuncio, en todos los campos de los usos pacíficos de la energía nuclear. Esta cooperación se convertirá en un valioso medio para impedir el desarrollo de investigaciones para fines militares.

En el año 1985 se ha realizado la tercera revisión quinquenal del Tratado de No Proliferación (TNT) de Armas Nucleares. En dicha revisión aparecieron fuertes tensiones entre algunos países miembros del tratado. La futura cooperación entre Argentina y Brasil aparece, entonces, como un ejemplo, a nivel mundial, de cómo proceder para disminuir la probabilidad de un conflicto nuclear.

La mejor forma de preservar la humanidad de una guerra nuclear es una cooperación abierta en el dominio nuclear (tesis defendida por el célebre físico Niels Bohr). Los presidentes de Argentina y Brasil vienen de dar un paso importante en esa dirección. Una lógica pregunta se desprende: ¿harán lo propio los demás países sudamericanos?. En ese sentido, el Presidente Alan García ha manifestado, con igual o mayor fuerza que el Presidente Alfonsín, su rechazo a toda carrera armamentista nuclear. Es de esperar que, como en Argentina y Brasil, el programa nuclear peruano será dirigido por personal civil, como etapa necesaria para un programa no militar. Lo menos que podemos decir es que esto parece lógico.