16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La República, 10 de febrero de 1986


La guerra de las galaxias

Como lo ha anunciado el presidente Reagan, nada modificará su decisión de seguir adelante con su guerra de las galaxias. Si bien sus resultados, concernientes a la defensa antisimil, no son anda seguros ni promisorios, las consecuencias económicas para las compañías tecnológico-militares se confirman positivas.

En 1985, las 10 compañías más grandes implicadas en las investigaciones de la guerra de las galaxias han recibido por lo menos 500 millones de dólares, es decir el tercio de su presupuesto. Se prevé que esta suma aumentará en gran cantidad cuando el programa se acelere. De acuerdo a lo planeado, en el año 1990, la guerra de las galaxias consumiría el 13% del presupuesto de EE.UU. para la investigación y desarrollo militar. Esa proporción es similar a la empleada para el programa Apolo, que llevó a un norteamericano a la Luna.

De los 2 mil millones de dólares gastados en 1985, 75% fueron destinados a la industria, 20% a los laboratorios nacionales y 5% a los laboratorios universitarios.

Los contratos más jugosos para trabajar para la guerra de las galaxias corresponden Lockheed (531,966 millones de dólares), TRW (323,862 millones), Boeing (217,394 millones), Teledyne Brown (179,993 millones), Rockwell International (165,714 millones), Hughes (155,655 millones, RCA (125,702 millones). McDonnell-Douglas (122,301 millones), LTV Aerospace (98,638 millones) y AVCO (72,669 millones). Los defensores del programa afirman que esta inversión por lo menos tendrá resultados comerciales.

John Pike, miembro de la Federación de Científicos Americanos, organización que proporciona los datos sobre los mencionados contratos, afirma que el interés comercial de la guerra de las galaxias no es más que una ilusión. Muy poco de lo invertido sale del ámbito cerrado de la comunidad de investigación militar.

Gerald Sullivan, delegado del Secretariado de Asuntos Internacionales del Pentágono, declara que las promesas de consecuencias comerciales de la guerra de las galaxias son prematuras. Para ser realista, dice Sullivan, la investigación militar es una forma de dar apoyo a nuevas compañías con nuevas ideas. George Gamota, ex jefe de investigación del Departamento de Defensa de EE.UU., (DOD), compara esta institución con el Ministerio de Comercio Internacional e Industrial de Japón: Si el DOD no sostiene estas disciplinas nadie lo hará. “Sin el Pentágono, los jóvenes físicos en campos esotéricos podrían terminar de taxistas”, añade Gamota.

Aunque el debate que ha provocado la iniciativa del presidente Reagan todavía no ha terminado, la carrera armamentista cuyos ganadores seguros son las grandes compañías tecnológico-militares se ha acelerado. A medida que el debate avanza, la tesis de una defensa que convertirá las armas nucleares en obsoletas, esgrimida por el gobierno norteamericano a favor de la guerra de las galaxias, da su lugar a la tesis del beneficio comercial.