La república, 26 de marzo de 1986
Universidades
Exámenes de admisión y algo más
¿Con qué criterios se selecciona, entre los postulantes, a los futuros estudiantes universitarios que luego serán los profesionales con que contará el país? Parece no existe un sistema claro de selección de postulantes universitarios, pero sí se observa las consecuencias concretas de los actuales procedimientos.
La primera observación es que el tamiz preponderante se refiere, en la práctica, a la condición económica del postulante. Para que un postulante tenga probabilidad significativa de éxito, debe pasar por las famosas “academias” privadas cuyas tarifas son prohibitivas para la gran mayoría de los peruanos. La necesidad de pasar por dichas academias se debe o bien a la pésima educación secundaria o a que los exámenes de admisión tocan puntos que no se estudian en los colegios. El tamiz económico también se manifiesta en la diferencia entre la educación estatal y la educación privada.
La discriminación económica también se encuentra en la misma educación universitaria, dado que las universidades nacionales han sido atacadas o abandonadas, produciendo el florecimiento de universidades privadas con población procedente de familias de economía solvente.
Luego viene la selección regional caracterizada por el centralismo de la educación universitaria. Aquellos postulantes que anhelaban una educación universitaria adecuada deben partir a la capital donde se encuentran las universidades más prestigiosas del país.
Ahora bien, ¿cuáles son las habilidades que se miden en los exámenes de admisión propiamente dichos? Generalmente lo que se mide es la memoria y la rapidez mental del postulante, mediante las famosas pruebas objetivas. En el caso de los postulantes a programas de ciencias exactas e ingeniería se medirá la capacidad para resolver a gran velocidad problemas sencillos de matemáticas, física y química. Para cada pregunta o problema, el postulante debe escoger entre unas cinco respuestas. Caricaturizando un poco, se puede decir que se mide “una cultura de crucigrama”.
Sinceramente, el estudiantado seleccionado de esa forma tendrá grandes dificultades para recibir una educación universitaria que debería estar caracterizada por el análisis, la crítica, la imaginación, la innovación. En este sentido podría decirse que la frase del presidente Alan García, “l´imagination aun pouvoir”. Difícilmente seria acompañada con la frase la imaginación a la universidad. Menos podría decirse, que el espíritu crítico, analítico e innovador entran fácilmente a los claustros universitarios.
El problema de los exámenes de admisión, a fin de cuentas, concierne a todo el sistema educativo nacional. El objetivo de este sistema debe ser explorar e estimular las potencialidades de los niños y jóvenes, para enfrentar el mundo moderno. Este mundo moderno en que la materia prima se irán devaluando y los productos de la innovación serán revaluados. Asimismo, la educación nacional debe tender a estimular al espíritu crítico necesaria para la salud de una democracia balbuceante.
Convencido que entre los estudiantes secundarios existen, actualmente, un gran número de ellos con las potencialidades mencionadas, creo que los exámenes de admisión deben tender a detectarlos y extraerles los conocimientos y la experiencia de los profesores universitarios. Este debe ser un paso concreto e inmediato para cooperar con una nueva educación nacional.