La República, 27 de julio de 1986.
CIENCIA
Los médicos verdugos
En los momentos más oscuros de la historia –como el nazismo, por ejemplo- alguno científicos fueron cómplices de crímenes contra la humanidad. Es difícil creer, que en tiempos recientes, médicos hayan sido cómplices de torturas contra sus compatriotas. Sin embargo, durante la dictadura militar de Uruguay, que afortunadamente ha terminado, eso ha sido una trágica realidad.
La American Association for the Advancement of Science acaba de publicar un informe sobre una investigación que ha sido llevada a cabo en Uruguay, dirigida por el doctor M. G. Bloche. El doctor Bloche escribe que la complicidad de médicos (militares) en actos de tortura ha sido sistemática y generalizada.
Una de las víctimas del régimen militar uruguayo fue el doctor Vladimir Roslik, quien murió cuando estaba detenido en los pabellones de “interrogatorio” del ejército. La autopsia “oficial”, llevada a cabo por el doctor Eduardo Saiz (médico militar), indica que el deceso fue debido a una “falla cardiorrespiratoria” Una autopsia posterior, practicada por dos equipos de médicos universitarios, después de que la familia recuperó el cadáver, demostró que la muerte del doctor Roslik fue por ahogamiento –sufrido bajo la tortura llamada “el submarino”- o por golpes violentos al abdomen y el tórax.
Más de cuarenta mil uruguayos fueron detenidos durante el lóbrego período dictatorial. Cinco mil fueron condenados por crimen contra la “seguridad de Estado” El método de la justicia era la “prueba por confesión”, obtenida después de escalofriantes sesiones de torturas aplicadas “científicamente” por aquellos que debieron servir a la salud.
En los períodos de oscuridad suele existir algunos rayos de luz. En Uruguay, durante la dictadura, el doctor Alberto Milkewitz se negó a proporcionar informaciones sobre las conversaciones que tuvo con los prisioneros. Inmediatamente fue encarcelado e incomunicado durante una semana. El motivo del encarcelamiento fue el siguiente: “el doctor Milkewitz muestra una ausencia total de comprensión de sus obligaciones como miembro de las Fuerzas Armadas cuando afirma no poder entregar ninguna información sobre las conversaciones con los prisioneros sin sus consentimientos porque, según pretende, su ética no lo permite”. Se trata, en realidad, de anteponer el principio de la obediencia a los principios morales o cartas profesionales.
Un argumento similar fue expuesto, en el proceso de Nuremberg, por los defensores de los médicos alemanes que practicaron la tortura durante el nazismo. El argumento fue rechazado, señalándose que los médicos no pueden ser relevado de sus responsabilidades morales por ninguna instancia, estatal u otra, que no puede ser en ningún caso superior a la carta profesional mundialmente ratificada.
El argumento de la obediencia se presenta para excusarse de todo error o abuso. Cabe preguntarse seriamente si debe obedecerse cualquier orden venida de un superior, dentro de las estructuras militares. El buen sentido diría que no. Esto fue afirmado en Nuremberg. No hay razón que no se aplique en cualquier parte del mundo, sobre todo por aquellos que, debiendo servir a la vida, se les ordena ser cómplices de torturas y asesinatos en contra de aquellos que manifiestan ideas diferentes de las dictatoriales o en contra de cualquier ser humano.