La república, 2 de setiembre de 1986.
Relación hombre máquina.
En marzo de 1984, F.N Flakus y P. Giuliani, expertos en seguridad nuclear del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), escribían lo siguiente (boletín del OIEA número 26): “Después del accidente de three Mile Island, en 1979, una revolución silenciosa pero importante se está realizando en el dominio se la seguridad nuclear. Las lecciones obtenidas de este accidente han encontrado su aplicación de nuevos sistemas antiguos”. Luego los expertos añaden:
“En nuestros días, nos preocupamos más de la interfase hombre – máquina y de los factores humanos en la explotación de las centrales (...)”.
Recientemente, la Unión Soviética ha entregado al OIEA un informe detallado sobre el accidente nuclear de Chernobil, que, según el informe fue debido a “errores humanos”. Se señala que los técnicos “no estaban preparados ni conocían los riesgos”, del experimento que realizaban el 25 de abril, víspera del mencionado accidente.
En general, en las instalaciones de tecnología sofisticada, el error humano puede ser fatal.
Recordemos, como ejemplo, el accidente del transportador Challenger, en el que el factor humano fue, según miembros de la comisión investigadora respectiva, muy importante.
Estos hechos provocan, naturalmente, una rotunda reflexión sobre el entrenamiento del personal que tiene a su cargo la explotación de instalaciones de tecnología moderna. En el caso nuclear, la seguridad es tanto más importante en cuanto un accidente puede afectar la población que no está implicada en tal accidente.
No debe, haber lugar para la desidia ni para la mediocridad en la explotación de instalaciones nucleares. Para ello, por supuesto, tiene que mejorar día a día el nivel del personal profesional y técnico que trabaja en las instalaciones nucleares. Claro está, el buen nivel de un profesional o técnico se obtiene con una capa citación apropiada, pero además una política de personal que estimule la superación.
En nuestro país, los profesionales nucleares han intentado lograr que las autoridades implementen una política que asegure el nivel profesional y técnico nuclear. Hasta ahora no se ha logrado resultados positivos. La incomprensión llega a tal punto, que no existe una prima de seguro contra el riesgo de manipulación de sustancias radioactivas, mientras que si existe, por ejemplo una prima por manejo de fondos.
El Dr. Benjamín Marticorena hizo recordar (La República 29 de setiembre de 1984 el accidente de cuatro obreros que trabajaban con material recreativo. Como consecuencia de dicho accidente se desarrolló casos de esterilidad y de necrosis en las partes afectadas directamente.
Hasta ahora, las autoridades no hacen conocer un informe detallado de ese accidente y se desconoce el destino dé los obreros accidentados.
Lo más ve es que debido a la política a personal del IPEN, una gran, parte de los profesionales y técnicos más calificados partieron en busca de un trabajo que no tiene nada que ver con el área nuclear, pero en el que reciben mayores satisfacciones. De continuar así, el IPEN corre el riesgo de perder su personal mas calificado y convertir las instalaciones nucleares del Perú en fuentes de grave riesgo.