La República, 19 de septiembre de 1986.
La difusión del conocimiento
Cuantiosos recursos humanos y físicos han sido invertidos por los países en busca de nuevos conocimientos, que constituyen verdaderos tesoros; éstos son aprovechados solo por unos cuantos países que los usan para sus propios fines. Los demás, o no tienen acceso a ellos, o no cuentan con los medios para usarlos.
La inversión que necesita la investigación, induce a los países descubridores a guardar en secretos sus resultados más importantes. Esto se parece al encuentro de un tesoro natural: una mina, por ejemplo, dará beneficios a su descubridor.
Sin embargo, existe un aspecto de la investigación científico-tecnológica que puede ser aprovechado por todos los países. Me refiero al que se publica libremente en las revistas especializadas. ¡Estas revistas son verdaderas minas de conocimientos abiertas a todos!.
Entonces, la falta de información, sobre los conocimientos existentes, puede deberse a que se la mantiene secreta –en cuyo caso los investigadores los descubrirán después de larga y costosa búsqueda- o porque simplemente no se cuenta con las revistas especializadas –asequibles a todo el mundo- donde puede obtenerla.
Para evitar que ocurra el segundo caso, la imprescindible inversión, que debe realizar una institución de investigación, corresponde a la adquisición de información. En esta inversión, se está entregando a los investigadores un territorio de tesoros que lo pueden ampliar y aplicar en la resolución de problemas concretos.
En general, todo conocimiento interesa a la humanidad –aunque algunos, como hemos dicho, son guardados celosamente- pero existen aquellos de los cuales dependen su supervivencia misma. Esta, nadie tiene el derecho de guardarla para sí, porque estaría retrasando la investigación, cuyos resultados serán de gran utilidad para todos.
Un ejemplo de la información que concierne a todos es la relacionada con accidentes nucleares. Por ello, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que realiza conferencias internacionales sobre una gran variedad de temas nucleares, presta gran importancia a las que tocan la seguridad nuclear.
Los informes de tales conferencias serán transmitidos a todos los países miembros. La invalorable experiencia será compartida por todos, para utilizarla en la seguridad de las instalaciones nucleares, pero también para seguir con la investigación.
El OIEA acaba de organizar una conferencia internacional para examinar el accidente nuclear de Chernobil. Los expertos en seguridad nuclear del mundo han bombardeado de preguntas a los expertos soviéticos, con ánimos de conocer en detalle las características del accidente, y luego de tomar las disposiciones para que disminuya la probabilidad de un accidente similar.
Pero no sólo los especialistas deben estar al tanto de los últimos descubrimientos: la población debería conocer los pasos que la humanidad sigue en estos momentos en el dominio de la ciencia, sobre todo en lo que concierne su seguridad. Además de la población, nacerán los nuevos científicos. En la población se encuentran ya los investigadores potenciales, que necesitan ser estimulados.
Por lo dicho, podría concluirse que las instituciones científicas deben contar con excelentes centros de documentación (lo que no siempre es el caso) y, al mismo tiempo, la población debe ser informada sobre los avances de los trabajos de dichas instituciones.