16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

La República, 17 de octubre de 1986.

La muerte ambulante

Un submarino nuclear lanza-misiles se hundió el 6 de octubre último, a 6,000 metros de profundidad, a unos 1,900 Km. al este del Cabo de Hatteras, en Carolina del Norte. Este accidente representa el sexto de su género, y demuestra el riesgo que se corre por la presencia en los mares internacionales de los submarinos nucleares.

El submarino accidentado utilizaba motores de 45,000 caballos de fuerza de origen nuclear. El combustible consistía de unos 100 Kg. de uranio enriquecido. Además, el submarino portaba 16 mísiles nucleares mar-suelo SS-N 6, con una carga de 1 millón de TNT – 50 veces la potencia de la bomba de Hiroshima. Estos mísiles funcionan a base de plutonio: en total deben habido unos 300 Kg. de plutonio. El alcance de tales mísiles es de entre 2,500 y 3,000 Km con una desviación de 1,800 metros respecto al blanco escogido.

Las potencias nucleares cuentan en total con unos cien submarinos nucleares lanza-mísiles. Su difícil ubicación por terceros le proporciona un considerable valor estratégico.

La teoría que exponen las superpotencias nucleares para justificar la existencia de estos mensajeros de la muerte, es su supuesto poder disuasivo. Nadie, teóricamente, se atrevería atacar a un país poseedor de un submarino nuclear, porque la respuesta puede venir de cualquier lugar de las cercanías de la costa: una respuesta inmediata para un ataque sorpresivo. Con las cargas nucleares viajeras las superpotencias se apuntan amenazadoras, pero el riego no sólo lo corren los supuesto potenciales agresores, sino también los demás países que no tienen nada que ver con esa terrorífica amenaza nuclear.

Además, el riesgo –se demuestra nuevamente- no sólo viene de una eventual confrontación; sino de la probabilidad de accidentes que pueden ocurrir en cualquier lugar.

El valor estratégico que le otorga su difícil detección, está negativamente compensada con su elevada probabilidad de accidente. Desde 1963 han ocurrido por lo menos seis accidentes de submarinos nucleares. El 10 de abril de 1963, el submarino norteamericano Thresher desaparece a lo largo de la costa de Nueva Inglaterra (120 muertos). El 21 de mayo de 1968, el submarino norteamericano Scorpio se hunde en un lugar de la costa este EE.UU. (90 muertos). En abril de 1970, un submarino nuclear soviético, según el Pentágono, desaparece en el Atlántico, a los largo de las costas españolas (80 muertos, según los EE.UU.) El 21 de agosto de 1980 se incendia un submarino nuclear soviético al este de la isla japonesa Okinawa. En junio de 1983, un submarino soviético se habría hundido con 90 hombres a bordo en el Pacífico Norte (ninguna confirmación por parte de la Unión Soviética).

La vulnerabilidad de los submarinos nucleares se debe, en gran parte, a que los mísiles que portan tienen un sistema de propulsión en base a combustible superinflamable, lo que puede ocasionar un rápido incendio, en caso de accidente.

Debe aclararse, sin embargo, que la explosión que podría producirse en esos submarinos es de carácter químico (no nuclear), similar a lo ocurrido con el transbordador espacial Challenger. La explosión de las bombas nucleares que llevan esos submarinos, requiere un proceso que comporta un violento choque implosivo de dos masas de plutonio (para lograr la masa crítica), en un lapso de milésimos de segundo. Por otro lado, el material radiactivo que se libera en las aguas, no comporta un peligro de explosión nuclear.

Sin embargo, hay que señalar que el plutonio-239 tiene propiedades nucleares que permiten la construcción de la bomba, pero además es extremadamente tóxico. Algunas millonésimas de gramo inhaladas por el hombre, puede causar cáncer. Un miligramo de plutonio en las ratas provoca en treinta días la muerte de la mitad de los animales.

Todo ello pone en evidencia las escalofriantes propiedades de los submarinos nucleares, que se encuentran “en algún lugar” de los mares.