La República, 14 de noviembre de 1986
Ciencia
La vida en equilibrio inestable
La Tierra es un pequeñísimo cuerpo perdido en una infinidad de gigantescas estrellas. Casi una nada. Pero la Tierra guarda un extraordinario fenómeno del Universo: la vida. La Tierra guarda y protege la vida en un equilibrio frágil e inestable. Las agresiones externas chocan contra un verdadero escudo y la vida es abrigada por complejos sistemas de calefacción que aprovechan la energía solar. Aquellos que buscan los secretos de lo natural descubren que la vida se encuentra en un estado inestable. Ellos nos alertan sobre los peligros que acarrean ciertas actividades humanas para el delicado equilibrio vital. El hombre se encuentra en un momento decisivo, en el que tiene que escoger su forma de desarrollo material sin agredir el medio que le permite vivir.
Estas frases están, desafortunadamente, lejos de ser exageradas. El hombre ha acumulado la potencia destructiva suficiente como para desaparecer todo signo de vida en la Tierra. Esto dentro de las “estrategias de defensa”. Pero, no sólo la eficacia militar pone en peligro la vida; también se encuentran las múltiples actividades industriales que buscan –paradójicamente- facilitar la vida. Por ello se ha comenzado a tomar muy en serio las investigaciones sobre la interacción entre los diferentes elementos del equilibrio vital. Permítaseme tomar dos elementos que cuidan este equilibrio. Se trata del gas carbónico (CO2) y el ozono (O3).
El carbono (C) se encuentra en todo signo de materia viviente. Y el carbono forma el 27.3% del peso del gas carbónico. Sin carbono no habría vida. Pero no sólo eso, sino que el gas carbónico hace posible temperaturas de vida. Si la atmósfera no tuviera el gas carbónico, la temperatura de nuestro medio sería –en promedio- de 25oC bajo cero.
En cuanto al ozono, éste nos protege de una mortal fracción de rayos ultravioleta. Esta fracción de radiación desorganizaría las estructuras de vida. Además, el ozono también absorbe la radiación solar para liberar calor en la alta atmósfera. Este calor, debido a la interacción entre las diferentes capas de la atmósfera, influye favorablemente en el equilibrio de nuestro medio.
La variación de la cantidad de CO2 trae consigo variaciones de temperatura. Por ejemplo, si la proporción de CO2 en la atmósfera aumentaría al doble, la temperatura promedio aumentaría de 2 ó 5º C. Pero el aumento no sería uniforme: en la zona intertropical sería insignificante, mientras que en las regiones polares sería de 10ºC. Los glaciares, que tienen varios metros de profundidad, se derretirían produciendo un peligroso desequilibrio climatológico en la superficie terrestre. Aquí es donde debe recordarse que la actividad humana produce un aumento de la proporción de CO2.
Los combustibles fósiles y la polución de numerosas fábricas son los principales acusados.
El ozono, el otro elemento equilibrante mencionado, parece disminuir regularmente sobre el Antártico. Se sabe que el ozono tiene varios enemigos. Entre éstos se encuentran los monóxidos de cloro. Ahora bien, los mecanismos de refrigeración, de condicionamiento de aire, los aerosoles, las espumas aislantes, la limpieza en seco, entre otros, son fuentes de clorofluorometanos que suben poco a poco en la alta atmósfera, donde se disocian por acción de la luz solar. La interacción con los elementos de la lata atmósfera, da como resultado los temidos monóxidos de cloro, que atacan el ozono.
Actualmente existen numerosos laboratorios que se sumergen febrilmente en profundas investigaciones de tan vitales mecanismos que nos dan un medio propicio para sobrevivir: las variaciones de CO2 y ozono. El conocimiento de tales mecanismos nos permitirá, tal vez, frenar la tendencia hacia el desequilibrio.
Pero desde ahora el hombre cuenta con informaciones que
deben hacerle reflexionar sobre las actividades dañinas al equilibrio
que le permite existir.