La República, 15 de diciembre de 1986

Ciencia en el Perú
¿De qué se trata?

La conmemoración del 25 aniversario de la Facultad de Ciencias de la UNI es propicia para precisar algunas definiciones referentes a las actividades científicas, que siempre han sido usadas en el debate sobre la relación entre la Ciencia y la Sociedad.

Los “cientifistas” sostienen que la Ciencia debe ocuparse de estudiar los fenómenos naturales sin preocuparse de saber si existe alguna aplicación. Ellos sostienen además que de todas maneras habrá, tarde o temprano, una aplicación que debe ser encontrada por los tecnólogos e ingenieros quienes encaran los problemas prácticos, a partir de los conocimientos obtenidos por los científicos. Los técnicos se dedicarían a aplicar eficientemente las técnicas puestas a punto por los tecnólogos, sin preocuparse de saber cómo tales técnicas fueron originadas.

Esta división tan esquemática de las actividades científico-tecnológicas, no corresponde a lo que pasa en la realidad, pero sí ayuda a hacerse una idea aproximada del proceso del conocimiento y sus aplicaciones.

Para explicar mejor lo que pasa en realidad debo referirme al trabajo de un joven alumno del Politécnico del Santa, en Chimbote. Este aspirante al título de técnico electricista debió hacer sus prácticas en Siderperú. El jovencito llegó al taller eléctrico y el jefe, al saber sus pretensiones, le dijo con una sonrisa entre burlona y desafiante: “Aquí encontrarás lo que quieras, basta con pedir. Tu tarea será de construir un transformador eléctrico de 220 voltios a 6, 9, 12 y 100 voltios”. El practicante pidió consejos a un viejo técnico, quien le respondió: “Tienes que escoger entre el método de seguir las indicaciones de este manual, sin hacerte mayores preguntas, o bien leer este libro donde se explica las leyes del campo electromagnético –descubiertas hace un siglo- y te pones a pensar cómo tales leyes pueden aplicarse para obtener un transformador. En el primer caso serás un técnico y en el segundo serás un embrión de ingeniero.

El alumno se puso a comprender las leyes del electromagnetismo. Descubrió que tales leyes eran usadas para múltiples cosas: las telecomunicaciones, los motores eléctricos, los generadores, entre otras. Trataba de comprender cómo era posible que las ondas, que no eran visibles, podían hacer tantas cosas. Se maravilló del proceso mismo que llevó al descubrimiento de tales leyes. ¿El transformador? Casi se olvidó, pero tuvo que hacerlo. Aplicó las fórmulas para calcular los números de espiras de la bobina primaria y la bobina secundaria, escogiendo las salidas de cada voltaje. Cubrió las bobinas de barniz aislante y las secó en un horno especial. Les fabricó un elegante chasis. Pero en su mente quedó impregnada la pasión por descubrir más cosas sobre el campo electromagnético. Cuando fue al viejo técnico con sus inquietudes, éste le dijo: “No serás técnico, ni ingeniero, pero sí te aseguro que te va a dar dolor de cabeza”.

Los dolores de cabeza los curó en la Facultad de las Ciencias de la UNI. Allí se trataba de llegar a las profundidades del proceso del conocimiento, relacionado con sus probables aplicaciones. Allí encontró los maestros del pensar. Las preocupaciones sobre la fuerza electromagnética se extendieron a la fuerza gravitacional y la relación entre ellas. Maestros del pensar como José del Prado, Carlos Hernández, Balfour Merovicci, Víctor Latorre, Gerardo Ramos, lo hicieron descubrir que no existen barreras entre las diversas etapas del proceso del conocimiento y de las aplicaciones.

Un científico debe realizar obras tecnológicas y técnicas para montar dispositivos experimentales. Además, desde el momento que escoge alguna especialidad de la ciencia ya está pensando las probables aplicaciones.

La Facultad de Ciencias es adulta y tiene muchos hijos intelectuales. Lo que se nota en ellos es el producto de una preparación profundamente ligada con el país. A pesar de las dificultades por falta de medios, el país puede contar con una Facultad de Ciencias a su servicio.