La república, 13 de octubre de 1987
Superconductividad una verdadera revolución.
El 18 de marzo de 1987, una sala de conferencia del Hotel Hilton de New York, con capacidad de 1,200 personas estaba repleta. Los corredores se convirtieron en improvisadas salas para el circuito cerrado de televisión. En total, unas 3 000 personas estaban atentas a lo que pasaba ese día en esa sala. ¿Que pasaba? Se estaban tratando los últimos descubrimientos sobre Superconductividad anunciados como los que iban a revolucionar el mundo científico – tecnológico.
Las estrellas de la mencionada conferencia eran Alex Muller y Georg Bednorz, físicos de los laboratorios de investigación de la IBM de Zurich.
El primer expositor de la conferencia fue precisamente Alex Muller, que presentó sus transparencias a las 7:pm Muller y Bednoz habían logrado fabricar un material que mantenía sus propiedades superconductoras a la temperatura de 35 kk (- 238°c) en marzo de 1986. Esto provocó – en numerosos laboratorios- una búsqueda de materiales que tengan dichas propiedades a mayores temperaturas. Al final de la conferencia – a las 4 de la mañana cometa- quedó confirmado que se podían lograr materiales superconductores a la temperatura de 90 K.
En octubre, Allex Muller y Georg Bednoz se convierten el los ganadores del premio Nobel en física de 1987. Con la rapidez con que se premió a estos investigadores por un trabajo realizado hace un año muestra la importancia del descubrimiento.
Los conductores normales ofrecen resistencia al paso de la corriente eléctrica. Debido a ello, un motor eléctrico calienta, pudiendo fundirse la corriente es muy elevada. Esto limita las posibilidades técnicas del motor. En un motor o en un electroimán se desea lograr el paso de una corriente eléctrica tanto más alta cuanto mayor sa la fuerza requerida.
En principio, un electroimán puede mantener en el aire encendido, cualquier cuerpo como por ejemplo, un tren. Así se lograrían construir trenes que avanzan sin rosar con rieles, pudiendose alcanzar las altas velocidades. Actualmente Japón tiene trenes que logran velocidades de 400 Km./ h. Gracias a tales posibilidades el problema técnico es que para lograrlo usan superconductores más costosos, porque funcionan a temperaturas muy bajas. La carrera se emprende con el descubrimiento de A. Miller y G. Bednorz es pues la que podría terminar creando un super conductor a la temperatura ambiente y, por lo tanto, barato.
De lograrse estos superconductores, un mundo futuro sería completamente diferente. Trenes super rápidos, circuitos integrados supercompactos (que revolucionarían la industria de las computadoras), aparatos para tomar imágenes detalladas del cuerpo humano, etc, serían entonces relativamente fáciles de construir.
En 1911 se descubrió la propiedad de superconductidad a la temperatura del helio líquido: 4 k (-269 °c). Desde entonces, numerosos laboratorios del mundo han tratado de fabricar superconductores a temperaturas “razonables”.
Llego una época en que los físicos perdieron la esperanza y pensaron que esos superconductores no existían mas que en sus sueños.
Hasta en 1986, la temperatura era 23.3 K (-250°C)
Bednorz y Muller lograron fabricar en 1986 los primeros superconductores a 30 K. Investigadores norteamericanos, chinos y japoneses, entre otros, entregan la competencia con tanta fuerza, que la temperatura critica fue elevándose casi cada mes. En marzo de 1987 como lo hemos dicho, se confirmo la existencia de superconductores a 90 K. Desde ese día todos los años son permitidos. Las empresas multinacionales ya están trabajando en las aplicaciones de Superconductividad a temperaturas elevadas. Pronto veremos el comienzo de un nuevo mundo, el mundo de los superconductores.