La República, 16 de diciembre de 1987
Educación Superior
Fuga (forzada) de cerebros
Mucho se habló en el pasado de fuga de cerebros. Hoy surge un fenómeno nuevo: la falta de demanda de profesionales hace que éstos se protejan de la “invasión” de diplomados en el extranjero. Así, la antes tan criticada fuga de cerebros hoy viene a ser una extraña solución al problema de empleo de los ya numerosos diplomados en el país. Las razones que se oponen para defender esta situación no dejan de tener cierta coherencia.
En las universidades nacionales existe un elevado porcentaje de profesores contratados por tiempo determinado. Estos profesores contratados no gozan de estabilidad laboral: sus contratos pueden ser no renovados. Hoy se presenta la posibilidad que estos docentes sean nombrados, pero para ello se necesita, según ley, un concurso público en el que podrían ser perdedores, ante la competencia de profesionales y científicos que vienen del extranjero.
Las autoridades universitarias tienen aquí un problemas delicado. Algunos piensan que la universidad debe escoger a los mejores elementos que tenga el país para la enseñanza superior. Los docentes contratados desearían un concurso interno para regularizar sus posiciones en la universidad.
Ante lo inevitable del concurso público, los docentes contratados desean entonces un reglamento de evaluación en el que se vean favorecidos aquellos que ya están trabajando en la universidad. Esto es relativamente fácil, si se otorgan puntajes elevados por enseñanza en la universidad y dan mayor peso a los diplomas de la universidad que abra el concurso.
Los docentes contratados se ponen a un puntaje elevado para los trabajos de investigación. La razón expuesta es que la universidad no ofrece las condiciones necesarias para desarrollar trabajos de investigación, mientras que en los centros del extranjero sí existen tales condiciones. Sin embargo, las universidades tienen la obligación de realizar investigación. Aquí se puede ver entonces una contradicción entre lo que se exige de la universidad y los medios que se le otorgan.
Otro aspecto que se observa es el tipo de investigaciones que debe calificarse. Surge aquí una pregunta: ¿es más importante la investigación de “alto nivel” que se realiza en los países del hemisferio norte, o aquellas que se realizan sobre problemas netamente peruanos? Es natural pensar que los trabajos realizados en el extranjero tienen importancia para los países que los subvencionaron. Pero tampoco se puede negar que el entrenamiento adquirido es aplicable en todas las latitudes. El entrenamiento conlleva conocimiento de nuevos materiales e instrumentos, así como posibilidades actuales para resolver problemas nuevos.
Como podemos imaginar el asunto no es técnico sino que toca el aspecto laboral. La defensa de la estabilidad laboral, en la forma cómo se encara, puede ser resuelta con la eliminación de la situación de contratados en la universidad. Esto significaría que todos aquellos profesores que se necesitan deben pasar por un concurso abierto y ser nombrados inmediatamente. El Estado debe entonces otorgar las plazas que necesita la universidad.
En lo que concierne a los profesores contratados, debe buscarse la manera de no “abandonarlos” después que han servido a la universidad por varios años. Pero al mismo tiempo, debemos recuperar a nuestros egresados que fueron a perfeccionarse en el extranjero.
Vemos pues que el desempleo que reina en nuestro país está causando problemas que antes no se podían imaginar. En lugar de favorecer el regreso de los becados en el hemisferio norte, hoy se trataría de que no vuelvan.