16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La república, 28 de marzo de 1989

Un reflejo de la sociedad

En estos tiempos de miles tentaciones, la universidad aparece como la presa más codiciada y vulnerable. El fenómeno de la violencia aparece en todas partes, pero se señala a la universidad como el origen de todos los males. La verdad es que la institución forjadora de nuevas generaciones – que debe sacar al país del atolladero en que se encuentra- atraviesa por una pobreza extrema. En esas circunstancias, los universitarios piensan en la forma de sobrevivir.

Hace algunas semanas, un estudiante me consultaba la forma de atraer la atención de la opinión pública sobre la realidad universitaria. Debemos mostrarle, sugería, los reducidos medios que nos da el estado para hacer frente a las obligaciones de la universidad, es decir, para la enseñanza, la investigación la proyección social, entre otros. En realidad, con tristeza tuve que hacerle notar que los medios de comunicación están, en su mayoría, interesados en los grandes titulares. Pero, afortunadamente, todavía existe la posibilidad de dar cuenta de algunos hechos.

En primer lugar, debe saberse que el costo que significa la estadía en las universidades limeñas, hace casi imposible que la gran mayoría de los jóvenes peruanos anhelen alguna forma de educación superior. En tal sentido, aquellos que han tenido la oportunidad de alcanzar la milagrosa vacante, son menos inclinados a iniciar los inseguros caminos de la violencia.

En segundo lugar, con sueldos promedio mucho menos de 100 mil intis, los profesores deben buscar formas adicionales de ganar el sustento, en desmedro de la calidad de enseñanza y de la actividad mínima de investigación. Los empleados universitarios, por su lado, con el sueldo que reciben, debe ser por milagro que siguen con fuerzas para trabajar.

En ese ambiente de abandono, he visto, sin embargo, jóvenes con coraje que, lejos de dejarse vencer por el pesimismo, están trabajando en programas de investigación y proyección social que merecen ser apoyados por la comunidad.

Me parece increíble que los jóvenes universitarios han olvidado el himno nacional y los colores de su bandera. Por el contrario, la juventud suele abrigar su bandera con la fuerza de sus ideales de justicia y grandeza nacional.

Es verdad que en la universidad se debate sobre opciones políticas que hagan visible la integración nacional dentro de un ambiente de progreso material y moral. Pero hay que tener en claro que el debatir no sólo es el derecho de los profesionales de la política, también es de los obreros, oficinistas, los ingenieros, los científicos y los estudiantes.

¿A quien se le puede ocurrir pedir que los estudiantes se dediquen sólo a sus libros y al mismo tiempo, que vayan rigurosamente a votar por los candidatos de vitrina?. A nadie, o al menos a nadie que no quiera impedir que los demás ciudadanos s dediquen a producir sin preocuparse de los destinos del país.

Finalmente, debe comprenderse que en la universidad se producen los deferentes aspectos de la problemática nacional.
Cuando a nivel nacional se comiencen a corregir los errores, seguramente en la universidad se obtenga una atmósfera menos insegura en el criterio de aquellos que no dudan un solo instante en ponerla como olvidadiza de los valores nacionales.