16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

La república. 30 de marzo de 1989

No sembremos desconfianza.

En los medios de información masiva comienza a intensificarse un nuevo método de influir en la opinión pública: el uso de los rumores o “fugas”. Estos métodos podrían ignorarse si es que no se atentase contra la imagen de una institución científica de gran trascendencia como lo es el Instituto Peruano de Energía nuclear.

El 22 de octubre de 1988, en el diario “ Hoy” apareció un artículo titulado: Energía Nuclear ¿ Nuevo campo de agitación política?. En este artículo se afirma que en el IPEN existen “elementos expertos de agitación, que de manera soterrada ingresaron a laborar en el IPEN en calidad de profesionales o técnicos”. El objetivo sería según ese artículo “convertir en nuevo bastión extremista al naciente campo de aplicaciones de la ciencia nuclear”. El mencionado artículo termina llamando a los miembros de las Fuerzas armadas a “mostrar mayor celo y preocupación en las acciones de inteligencia y seguridad que, en el caso del quehacer nuclear, adquiere características de alto riesgo”.

Analizando el contenido de la publicación es fácil deducir que se pretendía provocar el reemplazo del presidente del IPEN, el físico nuclear Dr. Víctor Latorre.
El presidente del IPEN había presentado su renuncia por otros motivos, siendo aceptada recién en enero de 1989. El presidente reemplazante fue otro especialista nuclear. El Dr. Jorge Bravo. Tanto el Dr. Latorre como el Dr. Bravo son ex catedráticos y gozan de amplio prestigio en la comunidad científica.

El 22 de marzo de 1989, cuando el Dr. Bravo tenía apenas dos meses en el cargo, en el diario “El nacional” aparece la nota siguiente: “En el IPEN el mandamás es ahora el don Jorge Bravo Cabrejos (a propósito, en que habrá quedado la denuncia del servicio de inteligencia hecha llegar al presidente de la república, que daba cuenta que un altísimo ejecutivo del IPEN había sido detectado como militante de Sendero Luminoso)”. ¿Qué se pretende con una nota irrespetuosa en la que el presidente de una institución científica se le llama además mandamás, término poco apropiado para una ex autoridad universitaria y autoridad nuclear del país?.

De las informaciones aparecidas en “El peruano” se deduce que el Dr. Bravo había puesto su cargo a disposición y que, de modo a otro, el presidente de la república debía afirmar la resolución de nombramiento de su reemplazante, salvo que decidiera ratificarlo en el cargo. (Me pregunto por otro lado, cómo se puede exponer a un hombre a maltratos morales que significan nombramientos de algunas semanas. ¿Habremos perdido todo sentido de respeto?).

Basado en la informaciones que siembran desconcierto, no estoy en posición de presentar ninguna hipótesis sobre las metas que persiguen semejantes métodos de desinformación. Lo que sí tengo que solicitar – en resguardo de la imagen del trabajador nuclear es que no se lancen irresponsables acusaciones en el aire porque esas crean en la opinión pública una imagen falsa de todos los profesionales y técnicos nucleares del IPEN.

Si es que realmente existiera tal informe, tenemos que sugerir al servicio de la inteligencia que no permitan fugas que hacen daño a todos los trabajadores del IPEN y que – por otro lado- disminuyen la eficacia del trabajo en inteligencia. Si existen extremistas en el IPEN deben conocerse sus nombres y características; pero debe terminar sa campaña increíble de socavamiento del prestigio de la institución nuclear.

Lo que necesitan las instituciones científicas son recursos económicos para ejecutar proyectos de investigación científica. Sobran en estos tiempos acusaciones sin nombre que siembran desconfianza.

El apoyo que otorga el gobierno – a través de CONCYTEC, a proyectos de investigación, instituciones científicas y estudiantes de postgrado – es caracterizado por una apretura de espíritu y alentador beneficioso para el desarrollo y la información deben dar cuenta de ese apoyo y no permitir publicaciones tendenciosas.