La República, 24 de octubre de 1989
Filosofía y ciencia
La dinámica del conocimiento
En el coloquio internacional titulado “Origen y Evolución del Universo y Humanidad”, realizado en Lima, se volvió a plantear la relación entre filosofía y ciencia. En verdad, aun cuando se ha alcanzado altos niveles de comprensión de la naturaleza, los filósofos y científicos siguen buscando la forma de concebir la idea del todo a partir de parcelas de realidad.
Uno de los problemas de la ciencia es que usa un lenguaje poco accesible y que, algunas veces, trae confusión. Por ejemplo, en física se tiene el principio de incertidumbre bajo el cual se postula que en intervalos de tiempo muy cortos ocurren fenómenos increíbles, pero que no se pueden observar. Estos fenómenos virtuales aparecen como una necesidad matemática y no pueden ser tomados como hechos. Sin embargo, algunas veces surgen debates en torno a dichos fenómenos.
Pero hay algo que debe preocupar más. Se trata de la actitud de querer investigar temas científicos y filosóficos con ideas preconcebidas queriendo demostrar teorías propias traspasando los límites de la ciencia, pretendiendo dar etiquetas de verdad a determinadas ideologías.
Habrá que ponerse a pensar con modestia y, sobre todo, con actitud científica, recordando que la ciencia no tiene relación con ideologías o religiones. La ideología responde a las actitudes que uno toma ante la visión particular del mundo, mientras que la religión nace de la fe en el mensaje que traen los representantes de cada una de las religiones.
La fe y la ciencia parecen ser contradictorias debido a que la primera no admite crítica, mientras que las teorías científicas son rebatidas constantemente como producto del progreso científico. Es cierto que existen científicos creyentes, y ello no debe traer conflictos si uno es capaz de mantener su fe alejada de la actividad científica. Albert Einstein, en su famosa frase “Dios no juega a los dados”, acudió a la fe para rebatir la teoría cuántica: hoy, esta teoría se ha convertido en fundamental para comprender las leyes de la física reduciendo la frase de Einstein a un ejemplo de lo que no se debe decir.
El científico aspira a encontrar algunas reglas coherentes y simples sobre los fenómenos del universo. Nada más. Para ello encuentra lenguajes apropiados que, en la mayoría de los casos, es muy diferente al lenguaje común. Es posible que su visión del universo no corresponda a la realidad, pero el hecho que dentro de esa visión se encuentre coherencia en lo que se observa, significa un buen camino para la ciencia.
Es necesario reiterar que las teorías son efímeras en un mundo científico en progreso. Algunas veces esas teorías se enriquecen, pero al final caen en mil pedazos por obra de un avance de la ciencia misma. Sin embargo, surgen reglas que parecen comprobarse en todo nivel del universo. Por ejemplo la dinámica de la naturaleza. Nada es estático, todo cuanto observamos o detectamos cambia constantemente. El universo, en todos sus niveles, está cambiando constantemente como si no soportase el inmovilismo. Pero, además, la muerte no existe, todo se transforma en algo nuevo que a su vez está condenado a cambiar para la supervivencia de sus componentes.
La ciencia excluye la verdad eterna. Cada parcela de verdad descubierta pone en tela de juicio lo antiguo, dando lugar a nuevos caminos por donde se buscará enriquecidas teorías.