16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La República, 09 de noviembre de 1989

Traslado a la Plaza

La Plaza San Martí lugar de históricas manifestaciones, cedió lugar a un evento sin precedente: profesores y estudiantes de ciencias de la Universidad Nacional de Ingeniería discutieron sobre temas actuales de física, química y estadística frente al país que observó –en un acto creativo de la protesta- el cada vez más peligroso abandono de la Universidad por parte del Estado.

Se ha descubierto, entonces, que la universidad actual y la universidad de plaza –sin medios, con profesores mal pagados, algunos mal alimentados, sin libros, aulas sin tiza, laboratorios sin reactivos- pueden significar lo mismo: futuro incierto.

En la Plaza, el país ha visto su futuro. Por un lado una juventud deseosa de aprender, de construir, de poner su imaginación al servicio del país. Por otro lado el Estado que abandona la educación de las grandes mayoría, desfavorecidas por la política económica que enriquece a los ricos y que elitiza por la riqueza –ya ni siquiera por el intelecto- la educación de los peruano. Si quieres educarte, paga, parece ser el nuevo mensaje.

Tercamente el estado cree que en la universidad nacional con condiciones de inestabilidad y descontento. Alimenta las desigualdades en la educación, desigualdades cada vez más visibles, e insultantes. En esa realidad, la universidad se convierte en fuente de mayores tensiones sociales.

Con el abandono de la educación se frena la creación de potencialidades para el desarrollo. Estamos dejando el futuro para los otros, para aquellos países en los cuales los jóvenes puede adquirir las calorías mínimas, las facilidades para estudiar, crear, inventar, mirar optimistas el horizonte. Tal vez al Estado ya no le importe el futuro. Menos mal que los profesores y alumnos de ciencias de la UNI no conjugan su pobreza con el pesimismo. Cierto que ya no intentan convencer al gobierno de nada, pero quieren penetrar en la conciencia del país, para que reflexione sobre el futuro cercano, para que comprenda que la Universidad está en armonía con su bienestar futuro. Asimismo ellos declaran ante todos los universitario que la huelga, la ausencia de las aulas, y el abandono de las universidades, no van en dirección de progreso. Al contrario eso conviene perfectamente a aquellos que quieren disminuir el rol de la universidad y desconectarla del país y entra en los planes de aquellos que alimentan el descontento.

La universidad debe olvidar las huelgas y buscar formas nuevas de comunicarse con la sociedad, que tengan eficacia docente, que cultiven el espíritu creativo. Al fin de cuentas, al gobierno no parece importarle una huelga más en las universidades. Parece incluso que lo aliviaría: la voz estudiantil se apaga, el prestigio de la universidad se deteriora. Por ello, los defensores de una nueva educación y de un nuevo Perú, deben ser militares del trabajo. El ejemplo dado por los docentes y alumnos de ciencia de la UNI es histórico, y de repente sea el inicio de nuevas formas de lucha para los trabajadores del país.

Finalmente, con el traslado de la universidad a la plaza pública, se ha comprobado que las visiones de una universidad católica y fuente de violencia, corresponde en el mejor de los casos, a un desconocimiento de los problemas verdaderos. Se han visto que defender la universidad también es salir de las aulas y llevar el saber a la plaza.