La República, 15 de diciembre de 1989
El investigador científico
¿Un empleado más?
En el país existe un caos el los ingresos saláriales. Se sabe por ejemplo, que por el mismo tipo de trabajo en algunas instituciones públicas se paga mucho más que en el promedio. El Instituto Nacional de Administración Pública ha decidido terminar con esta situación. Sin embargo, uno de los errores de consecuencias graves es la homologación de los ingresos de los investigadores científicos-tecnológico, con los empleados en general.
En un reciente decreto de homologación de haberes, aparece diferenciación entre algunas actividades. El Poder Judicial y la docencia universitaria, por ejemplo, son tratados diferente en desacato a la ley que homologa los ingresos de ambas actividades. Ello ha dado lugar a un caos adicional en las universidades nacionales.
Otro aspecto que preocupa es la inexistencia de la carrera del investigador científico-tecnológico. Este está confundido entre los empleados públicos dedicados a la administración. Si es que se considera que debe haber diferencia en el tratamiento de remuneraciones según actividades –como es el caso- debe otorgarse especial tratamiento al investigador. Razones hay muchas.
Debe saber que la formación de un investigador es un asunto delicado. Demanda una intensa preparación universitaria y un postgrado. En un gran número de casos ha debido pasar varios años de estudios y capacitación en el extranjero. El nivel de los estudios científico-tecnológicos es internacional y la competencia es muy ruda.
Por otro lado, la demanda de científicos y tecnológicos de los países del Hemisferio Norte atrae a nuestros mejores elementos. La pérdida de investigadores es fatal, en el sentido que nos priva de elementos multiplicadores en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
La consecuencia de ello es el abandono de la investigación científico-tecnológica en el país, impidiéndonos mirar un futuro que no sea el de exportador de materias primas y completamente dependiente del extranjero.
Por ello la Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología ha manifestado su completo desacuerdo con la homologación de remuneraciones existente, y pide al gobierno se instituya la carrera del investigador científico-tecnológico. Lo propio ha hecho la Sociedad Peruana de Física, en su reciente Simposio realizado en Tacna. El Perú no será el primer país de América del Sur que cuenta con dicha carrera, Argentinas la tiene desde hace varios lustros, lográndose una sólida comunidad de investigadores a lo largo de su territorio.
En nuestro país, el apoyo al investigador viene del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC). A los investigadores se le asigna una subvención como complemento de sueldo, para que éste pueda dedicarse sólo a la investigación. Sin embargo, lo que se necesita es una ley que diferencie su actividad de otras.
La carrera del investigador podrá entonces diseñarse de acuerdo a las necesidades del país, de tal forma que incentive a los científicos y tecnólogos una mayor producción en la dirección del desarrollo nacional y disminuya la tentación por abandonar el país. Con ello habremos defendido el irremplazable capital humano.