16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La República, 06 de abril de 1990

Ataque anunciado

En 1985, me sorprendió el contenido de una entrevista del escritor Mario Vargas Llosa, en la revista parisina Le Point (29/09/85), sobre las universidades latinoamericanas: “lugares donde la violencia, ideológica y práctica, reina”, “Las universidades son donde se forman las bandas”, “de allí salen todas las filosofías que justifican la violencia”, son las frases del escritor descalifican los centros de enseñanza superior. En dicha entrevista, no se salvó la “clase intelectual” a la que llamó subdesarrollada y alienada. Con esa imagen de la universidad y de los intelectuales, no sorprende la propuesta de eliminar la gratuidad de la enseñanza superior. Lo que inquieta es la falta de claridad en la propuesta.


El candidato del liberalismo afirma, en uno de sus innumerables cortos publicitarios, que se trata de favorecer a los pobres, porque los ricos ya tienen resuelto su problema con “grandes colegios y –suponemos- “grandes” universidades, tal vez en el extranjero. En pocas palabras, los que “tienen plata” no están en las “pequeñas” universidades. Entonces “¿De qué se trata?” Simplemente de hacer pagar a los que van a las universidades del Estado. ¡Pero precisamente por no poder pagar están en esas empobrecidas universidades.

El “gran cambio”, también en educación, es una copia de propuestas probadas por el liberalismo internacional. Se trata de la política de “edúquese quién pueda”

En 1986, el Primer Ministro francés, Jacques Chirac, representante del liberalismo galo, propuso poner fin a la gratuidad de la enseñanza. Ello provocó una inmensa reacción de la juventud francesa contra lo que llamaron el intento de instaurar una “selección por el dinero” para estudiar en las universidades.

Ese “gran cambio” en la educación fue frenado por una “gran respuesta” estudiantil, que se organizó impidiendo la presencia de los partidos políticos. Era la juventud y su respuesta independiente al ataque al principio de la gratuidad de la enseñanza, imprescindible para seleccionar a los profesionales del futuro entre todos los ciudadanos, aprovechando el potencial total del país. El gobierno francés retrocedió y la juventud gritó: ¡nunca más eso!

Si la propuesta del candidato liberal fuese –como lo afirma- la democratización de la educación y lograr que los que “tienen plata” paguen por la educación, tendría primero que eliminar la diferencia de status entre las instituciones de educación privada y estatal (por lo menos en una universidad privada ya se practica la propuesta del candidato liberal. Allí se califica económicamente al estudiante, definiéndose el monto que debe pagar por crédito, existiendo la probabilidad de que algunos no paguen). Así, en realidad se estaría proponiendo la privatización de la educación con un sistema de becas por parte del Estado, que pagaría los costos de la educación de los pobres.

Pero cuando el escritor dice que los ricos ya resolvieron su problema, está reconociendo que estos irán a las universidades privadas y los pobres se quedarán en las indeseables universidades que “originan la violencia”, pobladas por los “intelectuales alienados”. En estas sólo estarán los que no tienen plata. ¿De dónde saldrán los recursos para su funcionamiento? ¿Eliminará las subvenciones a las universidades privadas para usarlas en las estatales? Nada está claro, salvo la velada voluntad de privatizar la enseñanza superior.