16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 


La República, 18 de abril de 1990

Racismo
Lo que faltaba

En está mismas páginas señalábamos (06-04-90) que el llamado liberalismo peruano se parecía a su correspondiente galo en su deseo de eliminar la gratuidad de la enseñanza. Deseo que fue rechazado por los franceses. Ahora todo parece indicar que los peruanos también han frenado esa intención. Sin embargo, es difícil creer que el racismo también une a las mencionadas corrientes liberales.

Cuando el candidato de AP, PPC y Libertad se levanta para decir que Europa es el modelo que propone a nuestro país, demuestra un complejo desconocimiento de la realidad peruana, confundiendo a sus seguidores con espejismos que le impide mirar hacia nuestra propia nacionalidad.

En Francis, los partidos tradicionales de derecha fueron sorprendidos por el súbito surgimiento de un movimiento ultraderechista conducido por Le Pen. Las filas de ese movimiento se engrosaron con elementos agresivamente racistas, que coreaban lemas xenófobos. La derecha tradicional, inicialmente, animó esas tendencias con el objeto de captar votos de sectores incultos, muy proclives al racismo. Las últimas elecciones francesas significaron un rotundo fracaso de dichas tesis, otorgando el poder al Partido Socialista opuesto a ellas. Más aún, el brote del racismo provocó multitudinarias manifestaciones, especialmente juveniles, que demostraron que las nuevas generaciones están contra esos sentimientos anacrónicos propios de épocas coloniales.

En nuestro país, Mario Vargas Llosa –hombre culto pero temperamental, emotivo, e impredecible- conoce perfectamente que ese componente racista en el país llevaría a su movimiento a un vergonzoso lugar en la historia. Lo difícil para el escritor será eliminar el racismo en sus filas. Puede, tal vez, lograr que se reprima en los corazones de los extremistas de Libertad, con fines electorales, pero para erradicarlas tendrá que hacer un esfuerzo mucho mayor.

El racismo en el Perú existe. Nadie lo niega. Pero hacer de ello una arma política es otra cosa. Las consecuencias pueden ser catastróficas. Recordemos que más del 90% de la población es descendiente de indígena, la única tal vez que podría reclamarse ser auténticamente peruana. Sin embargo, esta ha sido diezmada por las condiciones impuestas por los colonizadores. Los indígenas han sido desposeídos y –en la práctica. Siguen sin poder recuperar sus plenos derechos.

Existen mil facetas de racismo, algunas de las cuales son institucionalizadas. (Uno de los ejemplos es la condición de talla para ser oficial de nuestras fuerzas armadas. Esta condición va contra el 90% de la población de descendencia indígena –de baja talla- y que no está, en consecuencia, representada físicamente en la oficialidad de esas instituciones que defienden nuestra integridad).

Los “libertarios” están pisando un terreno que los separa de las grandes mayorías y, sobre todo, están echando leña en un problema que debe resolverse muy cuidadosamente con una estrategia educativa en la que deben participar instituciones civiles, religiosas y militares.

Mario Vargas Llosa, por su lado, debería renunciar la representación a esos brotes racistas y unirse a un movimiento sociopolítico cultural para eliminar el racismo, verdadera gangrena que hay que extirpar en la nación peruana de formación. De hacerlo, podría añadir a la consigna de libertad –de su movimiento- aquellas de igualdad y fraternidad.