16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

La República, 24 de mayo de 1990

Dios y ciencia
Los creyentes modernos

Para que la ciencia avance, los investigadores tuvieron que separarse de los dogmas religiosos. Esto, en la historia, produjo una tensión entre la religión y la ciencia. Hoy en día, dicha tensión está desapareciendo. Más aún, religiosos y científicos se encuentran en coloquios que tratan temas comunes.

En ciencia no hay temas vedados. Así, un grupo de científicos de gran prestigio organizaron un coloquio sobre el “Fin del Mundo” (22-26 de enero 1990, Puy-Saint-Vincent, Francia) y el Centro Nacional de Investigación (CNRS) de Francia organizó una reunión internacional sobre el tema “Ciencias, Dioses y Magias”.

En el mundo científico cohabitan, sin problemas, creyentes y agnósticos (los que no saben o dudan). En una encuesta realizada entre líderes científicos en el Centro Nacional de Investigación Científica, 110 dijeron ser creyentes, 106 no creyentes y 23 agnósticos (Le Nouvel Observateur, 21-27 de diciembre de 1980).

Sin embargo, algo resulta claro: el concepto de Dios de los científicos creyentes tiene poco que ver con el Dios de las religiones. Entre las declaraciones de los encuestados creyentes se encuentran las siguientes: “El progreso de la ciencia excluye ciertas representaciones simplistas y pone en duda ciertos dogmas, pero no excluye la idea de un gran ordenador”; “La enorme cantidad de conocimientos actualmente asequibles permite desechar las falsas creencias”; “Por ejemplo, la idea de un Dios todopoderoso que podría pero no quiere intervenir en el desarrollo de la historia individual y colectiva es cada vez más difícil de aceptar”; “Dios no tiene más que una relación lejana con el de los evangelios, cuyos dominios se desplazan a medida que la ciencia avanza”.

La Iglesia Católica, a su manera, también evoluciona. Juan Pablo II rehabilitó a Galileo, que fue condenado en el siglo XVII por afirmar que la Tierra no era el centro alrededor del cual giraba el universo. Asimismo, anuló la condena de la vacuna antivariólica impuesta por un predecesor.

Sin embargo, el Papa aunque sutilmente, mantiene su oposición a que los científicos toquen todos los temas de la naturaleza. En el coloquio sobre cosmología organizado por el Vaticano en 1981, Juan Pablo II declara que la ciencia no debería ocuparse del big bang, puesto que “fue el momento de la creación y, entonces, la obra de Dios”. Sin embargo, en 1987, en ocasión de un coloquio sobre el tricentenario de Newton, cuando la teoría del big bang parecía estar de acuerdo con sus ideas, el Papa llegó a decir: “Hay un llamado intrínseco a la unidad del conocimiento, sea que venga de la ciencia experimental o de la teología”. Pero luego, después de saberse que la teoría del big bang tenía algunos problemas, en las memorias del coloquio se modifica su versión para reemplazarla por “la investigación de la unidad entre la ciencia y la fe (...) corresponde a la naturaleza del conocimiento tal como la Iglesia la consideró siempre”.

Es interesante observar, en la historia, las dificultades en que se pone un científico por usar el dogma religioso en su trabajo (Einstein) o un religioso por plegarse a teorías científicas (Juan Pablo II). En estos tiempos, los dogmas pierden valor y los modelos científicos son modificados constantemente: esto ocurre tanto a nivel tanto a nivel de las ciencias exactas como en las sociales. El concepto de Dios es un caso especial: su existencia o inexistencia no ha sido demostrada.