La República, 18 de octubre de 1990
Alemania
Unidad para pensar
El sentido de la historia es de progreso. Indudablemente. Los cambios que se han dado a los largo de todo el tiempo –salvo algunos accidentes- siempre han sido beneficiosos para la humanidad. Pero la unidad de Alemania es un caso especial, porque se trata de una nación que fue dividida sólo hace medio siglo –en un período trágico de la historia- y que hoy es un eje de la unidad de toda Europa Occidental.
En el mundo científico no es sorprendente la rápida unidad de Alemania. En 1986, en Hamburgo, se llevó a cabo una reunión de “Científicos para la Paz”, en la que los científicos aceleraron la batalla por terminar la tensión creada por la teoría de la disuasión nuclear, uno de los efectos de la guerra. Científicos del Este y el Oeste se organizaron en grupos combinados para trabajar por la paz. Desde ese año todo fue rápido, a la velocidad de la necesidad histórica de paz y progreso.
En lo que respecta a las relaciones científicas entre las dos partes de Alemania, puede afirmarse que fueron siempre ricas. En ese sentido, Berlín y Dresden se han constituido en centros de atracción para los científicos de ambas partes alemanas y de todo el mundo. La reunificación de Alemania fortalecerá dicha relación.
Por otro lado, en el mundo entero hay un movimiento a la integración regional. Es que en estos tiempos ya no hay sitio para micropaíses que, solos, tratan de sobrevivir en la competencia científica, tecnológica y comercial. Este proceso es cada vez más acelerado, iniciándose casi siempre en los laboratorios científicos. Antes de la fusión normal de los países europeos ya existen laboratorios conjuntos. Entre estos se tiene el Instituto Laue Langevin, que cuenta con un reactor de investigaciones de alto flujo, constituido en el reactor mejor equipado del mundo. El Instituto Laue Langevin es administrado por Alemania, Francia e Inglaterra. España y Suiza son los miembros asociados recientemente al instituto.
En esa misma dirección se tiene también el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) dedicado a la física de altas energías, por intermedio de un extraordinario acelerador circular que ocupa partes de los territorios francés y suizo, como signo inequívoco de la cooperación científica. Este centro científico es administrado y explotado por los países de la comunidad europea. Hoy, investigadores interesados en la física de partículas llegan de todos los países del mundo al CERN, convertido en un laboratorio cosmopolita.
Creo que para nuestros países, sumergidos en una crisis –producto del histórico desprecio por la investigación científica-, la reunificación de Alemania constituye un verdadero ejemplo a seguir. Nuestros territorios están poblados por hermanos culturales y de sangre. Es cierto que hace cinco siglos se produjo la invasión europea, dirigida por gente dividida desde el comienzo. Es cierto que las ambiciones personales de los invasores dibujaron fronteras que se separaron pueblos hermanos, para luego empujarlos a guerras fraticidas en defensa de dichas fronteras. Sin embargo, hoy es tiempo de abandonar la retórica y las poses bolivarianas para comenzar a buscar la integración regional.
Si así lo decidimos, dejaremos de estar sólo admirando los procesos históricos de naciones admirables y nos habremos, entonces, puesto en el camino del progreso. Aquí también, los científicos tienen un rol preponderante, siendo los primeros en unificar esfuerzos en el campo de la investigación.