La República, Opinión, 07 de marzo de 1991
Las lecciones de una guerra
La guerra del Golfo Pérsico es rica en lecciones, para el Tercer Mundo, sobre diversos aspectos del desarrollo de la historia de la humanidad, principalmente en lo que respecta a las relaciones Norte-Sur. ¿Será capaz el Tercer Mundo de aprovechar estas lecciones o seguirá labrando voluntariamente un futuro tan humillante como el que se le ha impuesto en el pasado?.
Las guerras entre vecinos en el Tercer Mundo son cada vez más irracionales, sobre todo en un período que los países industrializados están en proceso de unificación o formación de bloques. ¿A qué lógica respondió la guerra Irak-Irán? Esta guerra dio lugar –indirectamente- a la invasión de Kuwait, debido a las consecuencias económicas sobre Irak, acompañado de un sobrearmamentismo alimentado por los países industrializados interesados en destruir al Irán rebelde.
A pesar del gigantesco armamento del Irak, éste resultó minúsculo ante la capacidad tecnológica de los países industrializados, los que ensayaron –en una guerra real- un arsenal incomparable al que prestaron a Irak para atacar a Irán.
Las guerras modernas, y sobre todo las del futuro, no necesitarán ejércitos con numerosos soldados fornidos y aguerridos, sino de una tecnología sofisticada, elaborada en laboratorios científicos. En tal sentido, a los ejércitos de los países sin ciencia y tecnología no les queda otro remedio que esconderse bajo tierra, para disminuir los efectos de la lluvia de mísiles inteligentes que los perseguirán hasta sus pobres agujeros –en realidad, lo mismo ocurre en la industria en general, en la que es cada vez menos necesaria la fuerza no calificada.
Los satélites se han convertido en ojos omnipresentes, que informan a sus propietarios sobre casi cualquier detalle de los que pasa en la superficie terrestre. Los avances de la fotoelectrónica son suficientes para llegar a cualquier punto sin ser interceptados por los clásicos radares.
Se ha visto que los países industrializados no necesitan armamento de destrucción masiva para acabar con un país del Tercer Mundo, aún cuando sea la cuarta potencia militar.
Por otro lado, Estados Unidos se ratifica como campeón de la intervención militar fuera de su territorio, el que se mantiene intacto.
Asimismo, el poderío militar de EE.UU. se convierte en un peso importante en sus relaciones con sus socios, fuertes económicamente pero militarmente débiles.. El rol de gendarme del mundo de Estados Unidos sale fortalecido. Sus socios tienen evidentemente que pagar por ese servicio.
Naciones Unidas también ve ratificado su papel secundario, sobre todo cuando sus resoluciones coinciden con las decisiones del gendarme universal.
Una vez más se ve que las principales víctimas de las guerras son las poblaciones civiles, las que no necesariamente deciden la guerra, pero tampoco cuentan con protección contra los ataques ciegos de los mísiles.
Un aspecto asombroso es esta guerra fue el poder de las telecomunicaciones y de las agencias noticiosas con grandes recursos económicos. Es la primera guerra que se ha visto prácticamente en directo.
Pero hay algo que causa estupefacción. Los países industrializados derrochan inmensas riquezas en una guerra, al mismo tiempo que exigen al Tercer Mundo pagar sus deudas que lo están condenando a una pobreza insoportable. La guerra ha costado 400,000 millones de dólares.