16 Mayo, 2004
Físico nuclear
Articulos

 

La República, 29 de mayo de 1991

Desechos radiactivos

Entre los residuos que produce la actividad humana, los desechos nucleares son los que más han causado controversias. Para mostrar la preocupación de los países industrializados sobre ese tema tomaremos el caso de Francia.

¿Decidió Francia finalmente preocuparse seriamente de la gestión de desechos radiactivos? Esta es la pregunta que formula la revista científica La Recherche, en su número de abril de 1991: "El problema es particularmente crucial en los desechos de vida larga, los productos de fisión tales como el uranio y el plutonio". Debido al carácter nacional del problema, el primer ministro francés anunció un debate parlamentario al respecto.

En febrero de 1990, el primer ministro había tomado la decisión de- parar los trabajos sobre el almacenamiento de desechos radiactivos de alta actividad y "reexaminar serenamente las cosas", deseando que "los estudios y el diálogo sean llevados a cabo por personalidades independientes, indiscutiblemente competentes, en relación con los parlamentarios y los representantes de todas las partes interesadas".

Francia tiene una tradición nuclear muy arraigada y ha tomado con la debida seriedad el asunto de los desechos radiactivos de su industria nuclear. La Agencia Nacional para la Gestión de Desechos Radiactivos (ANDRA), organismo dependiente de la Comisión de Energía Atómica (CEA), creado en 1979, ha publicado numerosos folletos de divulgación, en los que podemos ver los aspectos más saltantes de este tema.
Según ANDRA el objetivo fundamental de la gestión de desechos radiactivos es asegurar, durante el tiempo necesario, y en cualquier circunstancia, la protección de todos contra los riesgos radiológicos. La gestión debe también preservar el medio ambiente y no dejar, alas futuras generaciones, la responsabilidad de encontrar una solución a los desechos producidos por nuestra civilización.

Independientemente, en 1989, se creó el Colegio de Prevención de Riesgos Tecnológicos Mayores, el que ha elaborado dos informes. Una de las recomendaciones del primer informe es la construcción de laboratorios subterráneos, en lugares de donde podría almacenarse los desechos. Ello permitiría estudiar la confiabilidad de los emplazamientos en competencia. El problema es económico: cada laboratorio cuesta centenas de millones de dólares y sólo para ver si es confiable. En su reciente informe, el colegio sugiere construir por lo menos dos laboratorios subterráneos para probar in situ las soluciones propuestas, durante un periodo de 20 años.

Eso lleva al mencionado colegio a sugerir que se construyan reactores que produzcan menores cantidades de desechos radiactivos. También sugiere - preocupado por la credibilidad- que las investigaciones se hagan en la Universidad y no en la CEA. Preconiza también una separación entre los organismos encargados de los estudios y los que asumen el control, como es el caso actual de la CEA.

Vemos pues que el almacenamiento de desechos radiactivos de vida larga no tienen solución en el corto plazo. Esto constituye un problema delicado y costoso para los países industrializados. Los países en desarrollo no enfrentan el mismo problema porque tienen ínfimas cantidades de desechos, pero sobre todo porque tienen una infinidad de otras y más primarias preocupaciones. Estas los llevan, algunas veces, a olvidar los daños al medio ambiente en la explotación de recursos naturales, que les permite pasar el corto plazo.