16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La república, 27 de junio de 1991

Camino a la locura

A Lima le gusta el ruido. Esta inquietud nace al observar que Lima está sumergida en ruido, el que parece haberse convertido en un bien colectivo. Algunos privilegiados se compran su fuente personal, con audífonos rompe tímpanos.

¿Saben realmente el riesgo que se corre?
Es bastante conocido que el ruido provoca alteraciones auditivas que llevan hasta la sordera. Trabajadores de fábricas donde el ruido es intenso se jubilan sordos (y casi siempre sin ninguna indemnización al respecto). Para protegerse contra esta amenaza los trabajadores de fábricas ruidosas deben contar con tapones y cascos.

Pero hoy no sólo en las fábricas se sufre de agresión sonora: los medios de transporte se han convertido en socializadores del ruido (y por supuesto de gases tóxicos). Así, Lima se ha convertido en un laboratorio en el que se experimenta los límites de la resistencia del cuerpo humano o tal vez lo más grave no es la sordera. Hay una serie de otros efectos que debe conocerse.

En primer lugar, el ruido disminuye la concentración en las acciones del trabajo, que provocan accidentes. Con Sólo disminuir el ruido en un ambiente de trabajo se baja la probabilidad de accidentes.
En una dirección mucho más compleja y grave se encuentran los efectos sobre el sistema nervioso que tiene sus ramificaciones en torno al aparato auditivo. Toda acción sobre los nervios se traduce en señales eléctricas que se transmiten al sistema completo.

Los efectos del ruido dependerán del lugar donde se inició la señal y la naturaleza de la misma. Los sistemas afectados son el límbico, relacionado con las emociones, el sistema vegetativo y el neuroendocrino, muy importantes para la regulación de todas las funciones fisiológicas, de la concentración y del comportamiento.

Un ruido irritante, aun cuando sea de baja intensidad, puede causar problemas fisiológicos y también sicológicos. En cierta forma, el ruido en el ambiente causa tensiones en la misma forma que el calor, el frío o la polución del aire.

En lo que respecta a las funciones vegetativas, se ha observado que el ruido -a partir de una determinada intensidad- afecta el ritmo cardíaco y respiratorio, la presión arterial, la temperatura cutánea, la motricidad digestiva, la actividad bioeléctrica del cerebro, etc. El ruido también produce, debido a la tensión, variaciones de la concentración urinaria séricas y sanguíneas, así como de otros componentes bioquímicos.

Los efectos en el sistema vegetativo aparecen también durante el sueño y no existe la posibilidad de acostumbrarse (el efecto se observa siempre). Por otro lado, se altera la cantidad y la calidad del sueño.
De modo que si alguien sufre dolores de cabeza, tensión, irritabilidad -parecidas a las reacciones afectivas provocadas por agentes ambientales, sociales y familiares- debería preguntarse si no esta sufriendo los efectos del ruido.

Lo que se ha expuesto en esta nota, a la luz de estudios sobre el efecto del rápido, hace temer que los limeños están sometidos a presiones extremas cuyos efectos se tornan preocupantes. Alguien podría decir que ya bastante agresión se recibe (salarios de hambre, humo, gases lacrimógenos, chorros de agua, basura, violencia, etc.) que el ruido resulta música celestial... Tengamos cuidado, porque el ruido resulta un amplificador de las tensiones existentes.