16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La República, 08 de octubre de 1991

Sobrevivientes de año huracanado

El Simposio de Física 1991 se realizará en un punto crucial de la historia de la física peruana. Lo que creemos así, porque hemos podido sobrevivir en un año que se prometió primaveral y resultó huracanado. Este año hubo muchas bajas, pero los sobrevivientes están convencidos que saldremos adelante.

Para reunirnos hemos escogido Huaraz, al pie del Huascarán, como desafiando a los terremotos y a los huaicos que llegan sin aviso previo. Lo hacemos allí porque hay un paralelo telúrico-político y porque necesitamos prepararnos para tiempos difíciles, como los de este año.

Desde Alemania, Canadá, EE.UU., Francia y Japón, hemos recibido llamadas de colegas que abandonaron la zona de desastre. Nos anuncian que vendrán al Simposio. Nos cuentan que, por allá, la competencia se dispara en la dirección de nuevos conocimientos científicos y nuevos productos tecnológicos, de trenes superveloces, de computadoras más rápidas y pequeñas, del código genético que está siendo descifrado, de señales cósmicas que traen mensajes sobre el origen del universo, de los superconductores, de las extraordinarias imágenes del cuerpo humano para diagnóstico, de nuevos materiales y de cuanta maravilla participan.

Nosotros les contaremos sobre nuestras cuatro horas de transporte con alto riesgo de accidente para llegar al trabajo, de las deficiencias alimenticias de nuestros hijos, del hambre total de la mayoría de los niños, de nuestra falta de libros, de la falta de dinero del Concytec, de la falta de equipos de laboratorio, del desprecio por la carrera científica, de las renuncias en masa, etc., etc.

Pero también les mostraremos nuestro coraje y nuestras posibilidades. La cooperación internacional –única fuente que mantiene vivas, hoy, las cenizas de investigación en el Perú- nos permite realizar algunos trabajos, aun cuando no sean competitivos dentro de los estándares internacionales.

Allí está el Instituto Internacional de Física de Suecia, que apoya a la UNI en trabajos sobre películas delgadas y a Trujillo con su ciencia de metales. Ahí está la GTZ de Alemania con su apoyo al Itintec. Ahí están la Universidad de Cornell al Observatorio de Jicamarca y el Instituto Internacional de Física de Trieste que apoya a varios proyectos de investigación. La Universidad de Gent y su apoyo a la Universidad de Arequipa. En suma, los organismos internacionales no traen “oxigeno” en momentos de asfixia.

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concytec), única entidad nacional que puede apoyar orgánicamente los esfuerzos de investigación, no tiene recursos. ¿Cabe esperar algo para el próximo año? Aún siguen funcionando los laboratorios que se levantaron con su apoyo de hace tres años. La neutrografía de Huarangal, las dataciones por huellas de fisión, y muchísimos proyectos que nacieron entonces son pruebas de que cuando se siembra se cosecha. Por otro lado, en algo ayuda el llamado Fondo de Desarrollo Universitario. Pero ello es muy reducido. Todo parece indicar que, en Huaraz, entre el 09 y 14 de diciembre, se llevará a cabo el Simposio de una nueva generación de físicos, los que, a pesar de haber trabajado en las peores condiciones de la historia peruana, han obtenido resultados que permiten un razonable optimismo.