La República, 09 de diciembre de 1991
Cajón desastre
Ecologistas ahumados
En pleno centro de Lina, la conversación apasionada de dos ecologistas captó mi perturbada atención. Apenas podía distinguirlos, cada vez que las máquinas de humo fallaban su noble trabajo de echar incienso carbónico al gris ambiente de nuestra bella Lima. Hablaban de proteger al Mundo de las amenazas ecológicas que eliminarán la civilización. Tanta era la pasión en sus afirmaciones que respiraban jadeantes, inhalando olores inspiradores. Los atuendos verdes se convirtieron en negros, sus pulmones se tiñeron de negro, sus ojos se tiñeron de negro, de un negro tan limeño, que era matizado por el humo gris de alguna humeante basura. Lo que si se mantenían claras eran sus ideas. Normal: pensaban en el Amazonas, en el Polo Norte, el Polo Sur, los bosques alemanes, etc., etc. Y el humo siguió saliendo.
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