La república, 25 de julio de 1992
ABORTO
Debate global
El tema del aborto, que surge periódicamente entre los debates más apasionados en medios académicos y de comunicación masiva, compromete tantos nervios de la humanidad y su futuro que debería ser previsto como uno de los problemas globales de la sociedad. La condición principal para que el debate sea serio es que nos despojemos de prejuicios que han fosilizado los valores éticos y culturales, los que evolucionan con los descubrimientos de los secretos de la vida.
En el debate hay que diferenciar dos aspectos. Uno se refiere al acto personal de una mujer y otro a la presión social creada sobre la pareja. El acto personal, dicen los especialistas, crea un trauma indeleble en la mente de la mujer. Se trata del acto más desgarrador y extremo en todos sus aspectos y más traumático que la violación sexual (ello es discutible si se toman en cuenta las diversas formas de violación). Los traumas corresponden a grabaciones en la memoria de actos que están en extrema contradicción con el instinto de conservación de la vida – tallado en nuestro cerebro como un faro guía de comportamiento. Ver matar a un ser querido es una experiencia traumática. Ene se sentido, la Biblia nos cuenta como prueba de fidelidad, el pedido de Dios para que Abraham mate a su hijo Isaac.
La protección de los hijos es un impulso natural, un mandato de los genes, una reacción físico-química espontánea en nuestro cerebro. La destrucción de un hijo en cualquiera de sus etapas de crecimiento, es la negación de la vida en su manifestación más pura que es el crecimiento de un ser.
Algunos afirman que un ser no existe antes de nacer. Ello es un absurdo científico. Podríamos pensar que antes de la unión del espermatozoide con el óvulo todavía no existe un ser: ello porque los innumerables espermatozoides y el óvulo morirán si no se produce la fusión. De modo que antes de la unión, no existe nada que no sea sólo posibilidad. Pero una vez fecundado el óvulo todo está dicho, desde el color de los ojos hasta la potencialidad cerebral. Al combinación de los cromosomas del padre y de la madre producen un determinismo que será modelado mediante el trato que reciba el hijo. Los avances de la genética nos están llevando del código las características de los hijos definidas desde el momento de la concepción.
El otro aspecto del problema es moral, y eso quiere decir valores impuestos por la sociedad. Una sociedad que tiende a poner en un sitio de vergüenza a la mujer violada y, peor, a la madre soltera. Nosotros, eternos copistas de moralidad, debemos saber que en muchos países ser madre soltera ya no es razón para ningún trato discriminatorio. Mas aún, hay países que alientan la maternidad con mayores incentivos para las madres solteras.
Nuestra sociedad tiene aún los lastres anacrónicos que jalan a muchas mujeres hacia el abismo del aborto y, por lo tanto, a un trauma indeleble. Las jala con fuerza y sin misericordia. En ese sentido, sería apropiada la legalización del aborto: así podrá medirse oficialmente las consecuencias del anacronismo y el abandono de la mujer por parte del Estado. De más está decir que, con legalización o sin ella, los abortos se seguirán produciendo con mayor o menor peligro para la mujer, dependiendo de sus recursos económicos.
Finalmente, hay que reconocer que matar a un ser indefenso es un acto incalificable, peor aún si se trata de un ser humano. La vida es un valor que nunca debió perderse.
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