La república, 1ro de agosto d 1992
CINCO SIGLOS DESPUÉS
Como renacer
Durante cinco siglos se ha venido sembrando y cosechando odio y violencia. La televisión – con su extraordinaria fuerza informativa – nos muestra cómo la violencia genera odio, que a su vez provoca más violencia. Esa reacción en cadena es bastante conocida por los sociólogos y antropólogos, quienes afirman que las raíces del odio están en las injusticias sociales, en el abandono de la niñez sin recursos, en la corrupción generalizada, etc. La solución vendrá en el mediano o largo plazo. Nosotros no veremos los frutos de la paz y el desarrollo de los que hoy debemos sembrar las semillas. Esos frutos serán cosechados por una nación que reemplazará a la que hoy se desangra.
Una de las semillas de la paz y el desarrollo es la educación histórica. Recientemente están redescubriéndose varias manifestaciones de la extraordinaria civilización de nuestro pueblo, la que fue interrumpida por la barbarie cuyas secuelas hasta hoy persisten.
Machu Picchu, Xipán, Nasca, los canales mochicas, entre tantos otros, son las muestras de la ciencia y la tecnología de nuestro pueblo. Se ha descubierto también su amplio dominio de las biotecnologías y el mejoramiento genético de animales y plantas. Ello al ser difundido por los medios masivos de comunicación, nos hará recuperar la confianza que intentó ser destruida por el salvajismo importado.
Un pueblo como el nuestro puede renacer, a pesar de los ataques y actos genocidas en su contra. Muchos ignorantes han pretendido sugerir que nuestro pueblo ha degenerado, creyendo que los maltratos, desnutrición, alcohol y tantos elementos negativos podrían provocar un deterioro irreversible en su naturaleza. Hoy, con los avances de la ciencia, se ratifica la falsedad de esas tesis racistas quinto centenarias.
La supuesta degeneración se habría producido por mutaciones genéticas. Estas dan lugar a cambios en las características de un ser viviente que son heredadas pro sus descendientes. Tales mutaciones son extremadamente poco probables y pueden ser positivas o negativas.
En realidad se está confundiendo las consecuencias de la desnutrición y las agresiones del medio sobre los niños. Un niño desnutrido no crecerá de acuerdo a sus potencialidades genéticas, pero sus hijos alcanzarán un crecimiento adecuado si reciben alimentos y hacen ejercicios apropiados. Lo mismo ocurre con su cerebro, el que será tan poderoso como lo permitan su alimentación y estímulo infantiles.
Por ello, si la nación quiere llegar a ser productiva y desarrollada, debemos comenzar alimentando y educando a los niños. De esa forma pondremos en acción las capacidades de nuestro pueblo. De lo contrario, seguiremos contando los siglos de ignominiosa pobreza, de odio y violencia.