La República, 26 de septiembre de 1992
Un hecho histórico
El 12 de septiembre, un grupo de niños venidos de diversos puntos de Lima se reunieron para iniciar un proceso de formación de cuadros científicos y tecnológicos que permitirán la entrada del Perú al mundo de la creatividad, innovación y la investigación sobre los secretos de la naturaleza. La reunión se llevó a cabo en el local del Centro de Preparación para la Ciencia y la Tecnología (CEPRECYT).
La formación de los niños dará sus frutos dentro de unos 15 años, cuando ellos se integren a los laboratorios nacionales para resolver problemas del país o cuando laboren en laboratorios internacionales para participar en el desarrollo de la ciencia universal.
De esa forma se generará en el país un movimiento nacional tendiente a desarrollar las naturales inclinaciones científicas de los niños, las que luego deberán convertirse en capacidad creativa e innovadora.
En estos tiempos, los economistas y políticos hablan mucho de competitividad. Pero es para todos claro que no puede haber competitividad sin competencia. Y no puede haber competencia., en ningún campo, especialmente en el de la ciencia, sin preparación desde los primeros años de la infancia.
Habíamos mencionado en varias oportunidades que nuestro país no tiene tradición científica ni voluntad para comenzarla. Esto es tan cierto que Instituto Nacional de Cultura no tiene un rubro en el cual inscribir el fomento de la ciencia. Esto fue descubierto con estupor por el propio director general de Desarrollo Cultural, al recibir la solicitud de inscripción del CEPRECYT.
Con modestia y humildad, pero con decisión, le decimos al Perú que, lejos de los métodos violentistas que causan dolor y rechazo en el seno de la comunidad nacional e internacional, y lejos también del caos generado por el llamado “otro sendero” –identificado por un instituto de investigación local- nosotros proponemos la vía de la investigación científica, aquella que mirando en el mediano y largo plazo nos lleve el bienestar, labrado con el gozo de la creatividad y curiosidad infantil, manifestaba cotidianamente por nuestra niñez de hoy y juventud de mañana.
Los niños peruanos constituyen hoy en día casi la única esperanza para el Perú. Esta no es una frase hueca; es la conclusión a la que llegan científicos de diversas especialidades, conocedores de la limitada preparación que ha tenido la juventud actual.
Nos llena de satisfacción abrir el rubro de ciencia en el INC y nos alienta el entusiasmo de los niños que se reunieron en el CEPRECYT ese 12 de septiembre de 1992. Sentimos que el Perú comienza una nueva era. Un día que la senda violentista reciba señales contundentes de lo equivocado de su camino y un mes antes de cumplir cinco siglos de oscurantismo científico y tecnológico, se abren grandes y hermosas avenidas de descubrimiento para las nuevas generaciones.
Sentimos emoción cuando conversamos con esos niños inquietos y curiosos que vienen de tan lejos para compartir con otros momentos de observación, experimentación y reflexión. Uno de los niños más jóvenes, con su curiosidad y dulzura que se combinan bien con su impaciencia preguntó “¿profesor, qué invento haremos hoy?” Poco a poco, le respondí, con el tiempo podrá hacer tus propios inventos “Cierto, profesor”, me replicó, “hoy no es todo”.
¡Qué lección para los grandes que miramos sólo el corto plazo, y nos entrampamos en problemas cada vez más agudos, sin ver salida.
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