La república, 4 de noviembre de 1992
ENERGÍA NUCLEAR
Del terror al temor
En una nota anterior (LR 29 / 10 / 92) se tocó aspectos técnicos del combustible nuclear y su transporte. Ahora parece oportuno mostrar cómo ha evolucionado la percepción del público respecto a al energía nuclear.
El primer uso espectacular de la energía nuclear fue la destrucción instantánea de decenas de miles de vidas humanas en Hiroshima y Nagasaki, a fines de la II Guerra Mundial. Este hecho grabó en la memoria colectiva una imagen parcial de las potencialidades y riesgos de la energía nuclear. La imagen de destrucción y muerte se fue amplificando cuando se fueron conociendo las horrendas agonías de los sobrevivientes y las terribles consecuencias genéticas en sus descendientes. Usando el comprensible terror generado en la población se inició la llamada carrera nuclear, en al que cada país quería su bomba atómica.
En los años 50, que comenzó a establecer en el mundo el llamado terror nuclear, como recurso para mantener la paz basada en la tesis de la disuasión por “Mutua Destrucción Asegurada”. Uno de los países más afectados por el terror nuclear fue Alemania Federal. Allí se instalaron tal cantidad de bombas – apuntando a la Unión Soviética – que se decía “hay una bomba por ciudad o pueblito”. En caso de que hubiera comenzado una guerra nuclear, el primer país en ser atacado habría sido Alemania.
Es precisamente en Alemania que se inicia una oposición a la carrera nuclear. El movimiento antinuclear-militar se convirtió en antinuclearismo a secas. El terror nuclear se convirtió en temor a todo lo que fuera nuclear. Ello fue incrementado por el accidente de una obsoleta central en Chernobil, la que no debió estar funcionando.
El antinuclearismo explota el temor de la gente y usa todos los mecanismos que ofrecen los medios de comunicación. Se producen películas de gran atractivo, series de televisión y novelas que convierten a la energía en el demonio que hay que combatir. Algunos usan este temor para fines políticos. Sin embargo, existen ecologistas científicos que saben que todo desarrollo tecnológico tiene riesgos, los que son evaluados usando datos experimentales. Estos riesgos deberían ser conocidos y ser usados para decidir qué camino tecnológico tomar.
En tal sentido, entre los peligros más graves que corre la humanidad se encuentra el efecto invernadero y la destrucción del ozono. El efecto invernadero producido por gases en la generación de energía con combustible fósil podría inducir (si todavía no lo está haciendo) desequilibrios climatológicos que implican la destrucción de innumerables especies.
La energía nuclear, en cambio, es limpia. Los desechos que genera pueden ser confinados y almacenados usando tecnología especial que reduce los riesgos a niveles bajísimos, convirtiendo al tecnología nuclear en una de las más seguras. Todo ello se refleja en las estadísticas de la explotación de las tecnologías, en las que se ve por ejemplo – contrario a la ciencia popular – que la energía hidráulica ha producido la mayor cantidad de víctimas por unidad de energía producida.
Vemos pues que hay muchas cosas de qué conversar. El Centro de Preparación para la Ciencia y Tecnología (CEPRECYT) les invita a discutir estos y otros temas, todos los jueves a las 6:00 pm.