16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La República /opinión/ 08 de agosto de 1993

La riqueza del país
Ciencia desde la niñez

El cerebro humano tiene una potencialidad insospechada, que puede provocar la mas grandes revoluciones científicas y tecnológicas capaces de cambiar el curso de la historia. Pero, para que la potencialidad del cerebro se exprese en su mayor dimensión , es necesario estimularlo desde la mas temprana edad posible. Las ondas electromagnéticas, la fisión nuclear, los semiconductores los superconductores, el ácido (ADN) y tantos otros descubrimientos fueron posibles gracias a la existencia de equipos de científicos formados sobre bases sólidas y en un ambiente donde las generaciones están motivadas y estimuladas desde la niñez.

La tarea de guiar niños por los caminos de la ciencia es muy estimulante, sobre todo porque los niños tienen una tendencia genética hacia la curiosidad, el deseo imperativo de construir cosas, armar rompecabezas, experimentar con el medio. Estas y otras características permanecen o se intensifican en los que llegan a ser científicos de calidad.

En algunos casos quedan rezagados de ese espíritu que puede dar lugar a vocaciones por la ciencia, pero es casi imposible recuperar la estructura mental y la capacidad para formar científicos creativos sino cultivo tempranamente.

Por ello es que, con apoyo de la empresa Southern Perú, un grupo de científicos del IPEN y de las Universidades de Ingeniería, Católica y Cayetano Heredia, han formado el Centro de Preparación para la Ciencia y Tecnología (CEPRECYT), dedicado a los niños de edad escolar. Este límite de edad es por cuestiones prácticas, porque en realidad debería comenzar desde mucho antes.

Una de las primeras acciones en la formación de los niños, es permitirles descubrir que formarse para la ciencia es seguir sus impulsos al juego y al descubrimiento. Podríamos decir que un científico en su tarea de investigación es como un niño curioso que experimenta, pero que sigue algunas reglas de seguridad para evitar cualquier sorpresa desagradable.

Otro aspecto de esta formación para la ciencia es la ausencia de exámenes, pruebas o acciones que lo hagan sentir presionados, puesto que se trata de incentivar su gusto por la ciencia y no forzarles a realizar una tarea que se convierta en un debe.

Luego se trata de familiarizar a los niños con la tecnología llevándoles a descubrir que los aparentemente complejos sistemas tecnológicos de la vida diaria, se basan en propiedades sencillas de demostrar. Por ejemplo, puede verse la generación de corriente eléctrica, con movimiento de bobinas situadas adecuadamente ante un imán. Se puede ver también el funcionamiento de un motor con ayuda de una bobina con corrientes situada adecuadamente ante un imán.

En realidad, los adelantos tecnológicos han sido generados de esa forma, descubriendo fenómenos naturales en su expresión más simple y aplicándolos con ingeniosidad para mejorar la calidad de vida.

Podemos también mencionar que el niño es familiarizado con la radiación nuclear, aprendiendo a detectarla y usarla, como por ejemplo para conservar fresas por semanas.

Los niños visitan laboratorios de universidades y centros de investigación como el Centro Nuclear de Huarangal, donde observa las espectaculares dimensiones que pueden tomar las aplicaciones de los descubrimientos científicos. De esta forma los niños, cuando sean adultos, verán los laboratorios como un medio familiar, donde desarrollarán sus actividades en forma natural.

Asimismo, se ofrece conferencias sobre temas científicos de actualidad, a los que asisten también los padres, que nos muestran las aplicaciones de la ciencia en la vida diaria. Los expositores son los protagonistas del desarrollo científico peruano. Por ejemplo, cuando se produjo un temblor de magnitud significativa en Lima, el sismólogo, Mateo Casaverde, ex presidente del Instituto Geofísico del Perú, revivió sus experiencias de catástrofes naturales y nos hizo ver lo valioso que resulta las aplicaciones científicas para evitar daños extremos.

Por otro lado, se mantiene permanente contacto con instituciones científicas extranjeras, lo que corresponde al espíritu de colaboración que se establece en todo el mundo.

Finalmente trasmitimos a los niños los pensamientos científicos que genera una Sociedad Científica, que esté alejada de la superstición, que no sea presa fácil de estafadores profesionales, que conducen hacia el oscurantismo y a la minusvalía cultural.

El Siglo XXI será intenso en ciencia y tecnología. Las generaciones deberán formarse para vivirlo plenamente, que le permita seguir, y por que no, participar en los grandes descubrimientos que se avizoran más espectaculares que los realizados en el siglo XX.

El Perú es un país de profundas raíces científicas. Estamos decididos a trabajar para que resurja de nuevo la grandeza de nuestro país, y lo hacemos con los más indicados: los niños.