La República, 31 de agosto de 1993
La razón beneficio / costo
La educación en general y la universitaria en su grado superior es la más fructífera inversión de una Nación, la que será tanto más positiva cuando mejor sea el proceso educativo y mayor la capacidad del educando. En ese marco, el postulante buscará la universidad que le ofrezca la mejor formación y que le signifique el menor esfuerzo económico posible.
Para comprender el tema de la gratuidad de la enseñanza, sobre el que tanto se ha debatido estos tiempos, es necesario tomar ejemplos concretos y fáciles de evaluar, como es el caso de aquello que desean terminar sus estudios universitarios en forma óptima.
Con recursos económicos o sin ellos, el bachiller con notas satisfactorias escoge las enormes facilidades de universidades en cualquier país del mundo para terminar sus estudios. Para aquellos que no han podido estudiar un idioma extranjero, Brasil y España constituyen las mejores alternativas de formación universitaria, la que no sólo es gratuita para el interesado, sino que implica beca que le permite vivir confortablemente. Para muchos, la situación se hace más atractiva en tanto que se abren posibilidades de conseguir un trabajo en países que les ofrecen mejores perspectivas profesionales.
Otro camino es rendir un examen de Inglés y uno de conocimientos de su especialidad –en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano- y enviar los resultaos a las universidades norteamericanas, donde siempre hay una universidad que le ofrece beca completa para estudiar.
La alternativa de terminar los estudios en el Perú, en universidades con infraestructura limitada, profesores mal pagados, y con la obligación de pagar por ello resulta en tal sentido un mal negocio.
Los jóvenes lo han comprendido y ya partieron, en la mayoría de los casos para no volver. ¿Quiénes serán los beneficiados? Los países que ofrecen facilidades para estudiar con becas, porque luego contarán con profesionales buenos y en los que no invirtieron en su educación completa. ¿Quién pierde? El país que no quiere invertir en educación.
El caso de los estudiantes que comienzan sus estudios universitarios puede analizarse en forma similar. Para escoger la universidad el padre se hace una serie de preguntas. SI tengo mucha plata, envío a mi hijo a París, Berkeley, Berlín, o donde más prestigio tenga la especialidad escogida. Si no tengo tanta plata, matricularé a mi hijo en una universidad limeña de prestigio en la especialidad escogida, independientemente de su status de estatal o privada. En todo caso, haré una estimación de la razón beneficio/costo.
Si el postulante es bueno y no tiene dinero, se puede incluso estudiar gratis en una universidad particular, como es el caso del joven que vive en una choza y ha ingresado en el primer puesto a la Universidad Católica. Recordemos que hasta la preparación preuniversitaria es gratis para los postulantes con aptitudes.
Dicen que el tiempo es oro. Por ello, estudiar en la universidad es una inversión delicada, sobre todo cuando las perspectivas de empleo son oscuras. En tal sentido, no es tan sorprendente que en la Universidad de San Marcos, de 45 000 estudiantes que había en el año 1990, hasta el año 1993 hay un acumulado de 14 000 estudiantes que dejaron la universidad, a pesar de ser “gratuita”.
Como producto de la selección de la razón beneficio/costo, las universidades se ha zonificado en función de los recursos económicos de los alumnos. Existen algunos que tienen un poco de dinero pero que escogen la universidad estatal por no pagar. No se sabe si al eliminarse la gratuidad se quedarán en esas universidades masificadas.
Por otro lado, el número de postulantes aumenta y el porcentaje de ingresantes disminuye. En el año 1960 ingresaba el 36% de postulantes y en 1990 esa fracción era 15%.
En el debate constitucional en torno a la enseñanza universitaria se ha repetido argumentos como que la educación tiene un costo, asumido por el Estado que paga con plata de contribuyentes, que en la mayoría son pobres. Se dice que los pobres estarían financiando a los estudiantes que tienen recursos, etc. Este argumento se aplicaría a casi todos los servicios del Estado, entre los que se encuentran también la Enseñanza Primaria y Secundaria.
Finalmente, cabe señalar que una de las tareas de la Universidad es la Investigación científica y tecnológica. Todos sabemos que la investigación requiere una infraestructura adecuada, con la que no se cuenta hoy ni en la universidad estatal ni en la particular. Los equipos con los que se realizan los trabajos de talleres o de laboratorio tienen en su mayoría una antigüedad de más de 20 años.
El fondo del asunto es que el Gobierno no quiere asignar todos los recursos para formar las generaciones de profesionales que se necesita para que el país funcione. Ante esta realidad, las autoridades universitarias han optado por a tal hecho y tratar de buscárselas como sea para sobrevivir. Algunos ofrecen servicios –a costa de apartarse de los fines universitarios- y otros acuden a la cooperación internacional.
La falta de laboratorios ha llevado e inducido a la optimización del uso de los laboratorios nacionales instalados en los institutos. La Universidad del Callao, San Marcos, Villarreal y UNI usan los laboratorios del IPEN para llevar a cabo laboratorios de especialidades de química, biología, tecnología médica, etc. Promovidos por una política de cooperación interinstitucional saludable y ejemplar, elevando la calidad de la formación significativamente.
Sin embargo, es claro que el camino más fácil es establecer la no gratuidad general de la enseñanza, tema en el que las universidades particulares tienen una excelente experiencia.