La República, 02 de octubre de 1993
El año de las máquinas y los muros
La pasada semana dedicada a la niñez sirvió para reiterar en los medios de comunicación lo que todo el mundo sabe, pero pocos hacen algo por cambiarlo; el abandono completo en que se deja a la generación que dentro de un par de décadas tomarán las riendas de nuestro exhaustivo país.
Para nadie es un secreto que la enseñanza en todos los niveles se encuentra en un estado calamitoso. Pero la mala calidad de esta enseñanza es más perniciosa en los primeros años de la vida puesto que allí se forma la estructura mental sobre las que se sustentará todo el resto. En pocas palabras, podríamos decir que para los niños se necesita la mejor enseñanza que sea posible.
Todos conocen el absurdo, aburrido e inútil culto al memorismo en la enseñanza peruana. ¡Para recordar nombres y fechas o cualquier cosa, sólo se es necesario una computadora de bolsillo! El cerebro es maravilloso para pensar, crear una explosión de posibilidades sin límites; condenarlo a simple almacén y a recuerdos es similar a la eliminación de la naturaleza humana.
Una enseñanza adecuada a la niñez significa estimular su curiosidad, creatividad y libertad para tomar las cosas si prejuicios. En ello poco pueden las máquinas, las carpetas o los muros por más bellos que sean.
Estoy convencido de que un niño prefiere un maestro que lo guíe en la maravillosa aventura de conocer la naturaleza antes que algo material. En el centro de preparación para la ciencia y Tecnología (CEPRECYT), nos encontramos niños que muestran su preferencia a la calidad de la enseñanza y no a la calidad del edificio o la máquina. Les puedo contar varias anécdotas al respecto.
El CEPRECYT tiene precisamente por objetivo estimular las enormes potencialidades del niño y su inclinación por la ciencia.
En el laboratorio dan rienda suelta a sus impulsos hacia el descubrimiento y el juego. Conozco a científicos de todos los continentes y les puedo asegurar que los científicos de mayor nivel son precisamente los que no han perdido las cualidades del niño. La experimentación impulsada por la curiosidad casi insaciable ha hecho avanzar el mundo. El culto al enciclopedismo y a la memoria han sido por el contrario fatal para el desarrollo de algunos pueblos.
Richard Feingman premio Nobel de Física, solía decir que es mejor tener científicos que sepan poco pero con gran imaginación, que tener científicos que conozcan todo y no puedan crear algo nuevo. Es más, decía, el saber mucho se convierte en freno al progreso, porque impide la búsqueda de una teoría propia sobre las cosas.
Debemos dejar en claro la prioridad que debe tener el potencial humano en el sistema educativo.
Necesitamos maestros bien preparados para guiar y estimular antes que para enseñar a memoriza cosas estáticas.
La contratación de buenos profesores pasa por una revaloración de la carrera educativa. No se puede hacer la revolución educativa con solo declarar un “Año de la modernización educativa”. Para lograr un cambio cualitativo de la educación se requiere ofrecer sueldos atractivos en el sector, de modo que los mejores estudiantes escojan el camino de las aulas donde se forman las generaciones que tomaran el fututo de nuestro país. De lo contrario, toda inauguración de muros será sólo eso: muros, muros donde se estrellarán las esperanzas del país.