16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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La República, 04 de diciembre de 1993

Creatividad y ternura

En un reciente seminario organizado por Foro Educativo, la Dra. Inés Pozzi-Escot explicaba que gran parte de la niñez peruana, por la realidad tensa y violenta de la sociedad, sufre de carencia de ternura. Esta carencia debería ser tomada en cuenta en el contacto de los maestros con sus alumnos. Por otro lado, dijo la Dra. Pozzi-Escot, es necesario reconocimiento y respeto de la identidad de cada uno. Por su parte, el profesor Vicente Santuc sugirió una “educación del perdón”, mirando al futuro del país, eliminando el odio que aparentemente se ha instalado en el seno de la Nación. Ante ello, la Dra. Pozzi-Escot mostró su preferencia con una “educación de justicia”. Tal vez habría que añadir la “educación para la reparación”.

En ese foro se alertó que se está formando máquinas de memoria antes que mentes creativas. Esto se desprende de una experiencia realizada con un escolar. Al preguntársele que había estudiado durante la tarde no supo cómo contestar, evidenciando tremendos esfuerzos por acordarse de algo. La página estudiada tenía una bella figura de una planta, la pregunta ¿Cuáles son las partes de la planta?, así como la respuesta. Ante el convencimiento de que el niño no iba a encontrar qué decir , se le hizo la pregunta de la página. Como cuando se le pregunta a una base de datos, automáticamente, el niño enumeró las partes de la planta. Lo peor es que no sabía identificarlas en una planta real.

Otro aspecto preocupante es el desconocimiento del valor de la civilización de los antiguos peruanos y una sobrevaloración de la civilización occidental, generando una actitud alienante y contraproducente. La presentación de hechos históricos distorsionados y sin interpretación adecuada crea una falsa historia. Ante la existencia de varios núcleos culturales en el Perú, lo observado va en el mismo sentido que la demanda de la Dra. Pozzi-Escot sobre el respeto de la identidad de cada uno. Y el respeto comienza por conocer y comprender esa identidad, la que se ha forjado a través de los siglos de historia andina interrumpida abruptamente por la invasión quintocentenaria.

Como ejemplo de lo mencionado es la presentación fría y sin interpretación del no uso de la rueda de los Andes. Lo que aparecía a simple vista como una inferioridad cultural frente a occidente, se debe sólo a la inutilidad y, en algunos casos, estorbo de ese invento en terrenos accidentados como el peruano. En la mayor parte del territorio andino, para viajar entre dos puntos geográficos, más rápido resulta hacerlo a pie que usar vehículos a ruedas por la s zigzagueantes carreteras. Lo dicho es representado por el niño que parece siempre estar esperándonos en cada vuelta de la carretera por la que nos lleva el autobús desde Machu Picchu hasta la estación de tren.

En realidad, hay numerosos puntos que deben ser revisados para restablecer la verdad histórica en la educación peruana. Pero si se trata de mirar al futuro, necesariamente debe de iniciarse un período de reconocimiento e indemnización, el que probablemente genere una época fructífera de perdón, ternura, creativa y de construcción de una sociedad justa.

Como la obra duradera de Machu Picchu, pensando en construcciones imperecederas, el maestro tiene la suerte de ser el arquitecto de las estructura mentales que cambiarán el curso de la realidad peruana.