La República, 23 de diciembre de 1993
Ciencia estatal
En estos tiempos ha surgido una palabra mágica: empresa. ¡Veámosla como empresa!, dicen como si así se podría resolver cualquier problema. Además se pone en las instituciones estatales como contra ejemplos de empresas exitosas. Esa palabra mágica ya llegó al sector de educación de la que no se hará algo sin “visión empresarial”. Lo que falta explicamos en lo que entiende por empresa, porque al fin de cuentas hasta para construir una iglesia sería necesario tomar decisiones empresariales.
El temor que surge es cuando se sabe que los empresarios peruano siempre han pensado en el corto plazo que en la rentabilidad económica infinita, sin tomar en cuenta el mediano y largo plazo.
Todos están de acuerdo en pensar que la educación tiene sus efectos en el largo plazo. La pobreza material y moral que azota el país se debe a las decisiones y acciones antiguas. Todo comienza cuando los políticos decidieron pagarse miles de dólares y otorgan insultos saláriales a los hombres y mujeres que serán los responsables de la formación de las nuevas generaciones de peruanos.
Otra perla está en los lujosos autos que se compran los congresistas que contratan con la suciedad y abandono económico de los módulos departamentales de ciencia, los que se han convertido en monumentos a la incomprensión e inconciencia educativa.
Todos los sectores de poder imponen su derecho material e inmediatista al pobre Estado, apoyados por sus diversas formas de presión y algunas veces incluyen tanques y bayonetas.
Los maestros y profesores universitarios, en cambio, escogen el único camino que les queda, salirse a ganar el pan a otro lado. Así, las escuelas, colegios y universidades estatales quedan solas o con profesores a tiempo parcial, o simplemente con personal que no tiene otras posibilidades.
A pesar de ello, las universidades estatales juegan con un rol capital en las posibilidades científicas y tecnológicas del país. Basta recordar los premiados de este año por las diversas instituciones. La empresa CPT-TELEDATA, en el campo de la electrónica, premió a Rafael Cabezas, egresado de la UNI, profesor de la misma universidad y de la San Martín; COSAPI premió a Rafael Woodman, egresado de la UNI e investigador del IGP. En el campo de las Ciencias Básicas el CONCYTEC premió a Anibal Valera, egresado de la UNI. En el área de la Ciencias Naturales, CONCYTEC premió a Samuel Canchaya, otro egresado de la UNI. En ingeniería fueron premiados Alberto Landauro y Peter Risso Patrón de la UNI.
El Congreso Nacional de Ingeniería Mecánica Eléctrica, Electrónica y ramas afines CONIMERA de 1993, otorgó el primer premio al Ing. Carlos Silva, egresado de la UNI, actualmente en la Católica.
La Química Olga Lock, egresada de UNMSM, actualmente en la Católica ganó el premio Kessel por sus trabajos en productos naturales.
Vemos que las universidades estatales constituyen un faro científico y tecnológico, ello a pesar de la mala voluntad como han sido tratadas por los sucesivos gobierno. Sin recursos económicos, la empresa estatal en Ciencias a tenido éxito. Sólo falta que el gobierno entregue los recursos del Perú a la Ciencia Peruana que se cultiva a pesar de todo en instituciones franciscanas.