OPINIÓN, 26 de junio de 1995
Temores nucleares
Hace cincuenta años, en el Laboratorio Nacional "los Alamos" de Estados Unidos, se construían las bombas nucleares que más tarde destruirían dramática y espectacularmente las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
Cuando las explosiones se llevaron a cabo en las mencionados ciudades, se inició la desbocada carrera nuclear entre los países con capacidad tecnológica suficiente. Todos querían tener su bomba destructora.
El segundo en lograr la explosión nuclear fue la Unión Soviética Ambos países construyeron arsenales atómicos como para destruir 15 veces la Tierra. Con ese poder bajo control se estableció la llamado diplomacia del terror nuclear.
En 1970 se firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), según el cual las potencias nucleares podían mantener sus arsenales y los países no nucleares se comprometían a no adquirirlo, a cambio de recibir tecnología atómica para fines pacíficos. El 11 de mayo pasado ese tratado se convirtió en permanente.
La falla del TNP es que ha permitido la carrera nuclear entre las potencias sin que ello sea violatorio del mismo. Así, las superpotencias nucleares, Estados Unidos y la ex Unión Soviética, construyeron espeluznantes arsenales. Para ello debieron hacer una gran cantidad de pruebas nucleares.
En los años 60, las pruebas eran aéreas. Estas liberaron sustancias radiactivas en la atmósfera, las que difundieron y cayeron en forma de lluvia radiactiva sobre toda la Tierra, causando preocupación en los países. Por esa razón se prohibieron las pruebas nucleares aéreas. Siguieron entonces las pruebas subterráneas.
En las pruebas subterráneas, a cabo a 1,000 metros de profundidad, el calor generado funde el material, que lo rodea, creando luego cavernas esféricas que, atrapan las sustancias radiactivas. la probabilidad para que ese material salga depende del tipo de suelo y de lo preparación que se haga del punto de explosión. La contaminación eventual afectaría los alrededores del punto de prueba.
Estados Unidos ha realizado sus innumerables pruebas en el desierto de Nevada. China lo hace en partes apropiadas de su Inmenso territorio. Francia las lleva a cabo en el Atolón de Mururoa.
Tomando en cuenta la distancia de 6,600, los efectos que pudieran tener tanto de puntos de vista radiológicos como sísmicos son insignificantes.
En el mundo, las pruebas francesas han generado una ola de rechazo. La razón es más política que técnica. Como hemos dicho se acaba de ratificar el TNP. Por otro lado, se prevé que el próximo año se va a firmar una moratoria total de pruebas nucleares. Por ello, las potencias nucleares menores quieren acortar distancias con las superpotencias antes de esa moratoria. En realidad, es imposible que en un año se produzca una equiparidad. Sin embargo, las potencias medias desean contar con un poder disuasivo creíble, como para no provocar tentaciones de atacarlas nuclearmente. Es pues la continuación de la política de la disuasión nuclear.
Los científicos nucleares latinoamericanos y expertos de Europa y EE.UU. interesados en la paz, se reunieron el año pasado en Córdova, Argentina, para proponer al mundo un desarme total, en el que no haya una sola bomba sobre la Tierra. Las superpotencias no aceptan esa tesis, perennizando entonces el peligro de una conflagración nuclear.
Por otro lado, las potencias tecnológicas medias con posibilidades de hacer una bomba no firman el Tratado, generando un ambiente de suspicacia que da lugar precisamente a que las potencias menores quieran asegurarse nuclearmente.
La opinión pública mundial debe avanzar hacia la propuesta de desarme nuclear total. Allí está la única garantía de paz nuclear. De lo contrario sólo se trataría de paz vulnerable.