16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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07 de julio de 1995

Genética y evolución

Hay muchas creencias acerca de la evolución de las especies, situación que merece analizarse en todos sus aspectos. Hoy, con los avanzados conocimientos de la genética en relación con el medio ambiente, se logra echar luces sobre los secretos de este controvertido tema.

Una de las primeras observaciones que se hicieron fue que las especies parecían adaptarse al medio ambiente. Por ejemplo, el hombre de las alturas tiene la capacidad de desarrollar una pigmentación protectora de la piel contra las radiaciones cósmicas, parte de los cuales no llegan al nivel del mar, debido a los miles de metros adicionales de aire que deben atravesar antes de llegar a su destino.

Otro ejemplo es la resistencia contra la malaria que tienen los habitantes de regiones africanas donde surgió esta enfermedad. ¿Cómo adquiere el hombre la capacidad adaptada al medio ambiente? La respuesta: por mutación genética.

La mutación genética es el cambio que se produce en la estructura de la molécula de ácido desoxirribonucleico (ADN), la que ordena en forma precisa la constitución del cuerpo humano y todas sus características. La mutación, para ser hereditario, debe producirse en la moléculas germinales, en los cromosomas del óvulo o el espermatozoide.

Evidentemente, es muy bajo la probabilidad para que ocurra una mutación precisamente en las moléculas de ADN que van a participar en la germinación. Entre los agentes mutagénicos tenemos la radiación (natural o artificial) y los productos químicos.

La mutación genética es un evento fortuito, impredecible. Por ello, casi es siempre alejada de la normalidad y de la adaptabilidad al medio. Cuando ello ocurre, el producto de la germinación no logra sobrevivir o, en el mejor de los casos, no tendrá descendencia. Se observa niños deformes o con grandes deficiencias en el funcionamiento de su cuerpo, dando lugar a la llamada degeneración. Sin embargo, rara vez se genera una mutación más adaptada al medio, en cuyo caso se logra una evolución “positiva”.

El secreto de la supervivencia de la humanidad es que las mutaciones son producidas con baja frecuencia y los efectos de una eventual degeneración no amenazan significativamente la sociedad.

Las mutaciones evolutivas, por su lado, comienzan a difundirse lentamente, en la sociedad, gracias a la receptividad que gozan en el medio. En los albores de la humanidad, estas mutaciones se produjeron en grupos geográficamente aislados, dando lugar a una diferenciación racial respecto a otros grupos, los que evolucionaron independientemente.

Cabe señalar que la frase “la naturaleza es sabia” no es tan cierta. En realidad, la naturaleza es ciega. Las mutaciones han dado lugar a innumerables degeneraciones. Lo que pasa es que ante el número tan elevado de intentos, por azar se ha logrado algunas mutaciones evolutivas, las que explican por qué somos lo que somos.

Las investigaciones muestran que el ser que parece haber dado origen al hombre nació en África, al que han puesto el nombre de Lucy. Su descendencia partió a poblar el mundo, pasando al continente americano a través del Estrecho de Bering y llegando hasta Tierra del Fuego. En esa aventura humana, se fue formando pueblos aislados, en el camino de los pueblos que buscaban mejores condiciones de vida.

Hoy, con el avance de las comunicaciones, poco a poco, las naciones van interactuando, dando lugar al mestizaje multicolor. Sin embargo, de vez en cuando nos sorprendemos al encontrar poblaciones aisladas muy parecidas anatómicamente a pueblos alejados.

De lo dicho podemos concluir que tenemos un origen común: Lucy. Además , lo que puede sorprender a muchos, en la evolución, la radiactividad ha jugado un rol de gran importancia. En cierto sentido, somos hijos de la radiactividad.