16 Mayo, 2004
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El Comercio /Opinión/ 2 de julio de 2000

Genoma: entre el avance científico y los riesgos éticos
La ciencia

Los secretos del ser humano están a punto de ser descubiertos, dándonos la oportunidad extraordinaria de mejorar la calidad de vida.

“El conocimiento del ser humano nos permitirá potenciar sus fortalezas y superar sus debilidades, lo que se logrará con el establecimiento de nuevas técnicas de diagnóstico y terapia y de un arsenal de medicamentos genéticos”.

La presentación del inventario del genoma, constituido por el conjunto de los genes, constituye un terremoto de gran escala en el mundo científico y tecnológico. Este proyecto internacional, iniciado en 1990 con un presupuesto de 3 mil millones de dólares, ha concluido con éxito cinco años antes de lo esperado, anunciando graves controversias éticas y comerciales.

La genética tiene una historia que se aceleró a fines del siglo XX, pero es producto de innumerables descubrimientos en diversos laboratorios. Todo comenzó en 1865 cuando el monje austríaco Georges Mendel descubrió las primeras reglas de la herencia genética, según las cuales existían elementos autónomos y reproducibles de los caracteres hereditarios. En 1910, el norteamericano Thomas Morgan descubrió que los genes se encuentran en los cromosomas. En 1940, los norteamericanos George Beadle y Edward Tatum y los franceses Boris Ephrussi establecieron la correspondencia entre un gen y una actividad enzimática. En 1944, los norteamericanos Oswald Avery, Colin McLeod y McCarthy mostraron que los cromosomas están compuestos de moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN) y no de proteína, como se pensaba hasta entonces. En 1953 el norteamericano James Watson y el británico Francis Crick descubrieron la estructura en doble hélice del ADN. En 1966, los norteamericanos G. Khorana y M. Nirenberg establecieron que el código es una combinación de haces de ADN. En 1976, el británico Frederick Sanger y el norteamericano William Gilbert pusieron a punto las técnicas de secuenciamiento del ADN.

Y, en 1990, se inició el Proyecto Genoma Humano (HGP), financiado en gran parte por Estados Unidos y Reino Unido. Se definió como objetivo lograr el secuenciamiento del genoma humano y localizar sus genes. En 1993, los franceses Francais Jean Weissenbach y Daniel Cohen obtuvieron las primeras cartas genéticas y físicas de los cromosomas humanos, lo que constituyó la primera etapa del secuenciamiento. En 1995, el Instituto para la Investigación Genética (TIGR), empresa privada dirigida por Craig Venter, publicó la secuencia completa del genoma de una bacteria. En 1999, la empresa Celera Genomics anunció el secuenciamiento de la mosca drosofila. En el 2000, Craig Venter publicó la secuencia del genoma humano, y el Proyecto Genoma Humano decidió hacer lo propio.

En el Proyecto Genoma Humano han participado ocho laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania, Francia y China y se han usado métodos automatizados y programas informáticos sofisticados.

Hoy se sabe qué genes se encuentran en fragmentos del ADN. Con ello se dispone de información básica para localizar e identificar los genes responsables de las enfermedades. Hasta ahora se han identificado unos 10.000 genes humanos. Quedarían unos 20.000 a 30.000. Actualmente, la biología gira en torno al secuenciamiento de los genes.

Lo que queda – y no resulta una tarea fácil – es la comprensión de las funciones de los genes, sus desempeños, en el funcionamiento del cuerpo humano y en las enfermedades: se abre las puertas a la genómica funcional. Con la lectura de las instrucciones que se encuentran en el ADN, se comprenderán todas las fases del ser humano, desde su estado de embrión hasta las últimas etapas de la vida.

El conocimiento del ser humano nos permitirá potenciar sus debilidades, lo que se logrará con el establecimiento de nuevas técnicas de diagnóstico y terapia y de un arsenal de medicamentos genéticos.

El dilema reside en el hecho de que el conocimiento científico y tecnológico es riqueza y se presta para el negocio. Esta frase tan cruda se convierte en una terrible amenaza cuando se refiere al conocimiento del genoma humano. Mientras el Gobierno de Estados Unidos trata de evitar que el genoma humano sea utilizado para fines netamente comerciales, las empresas privadas que se han dedicado al estudio del genoma humano han registrado miles de patentes al respecto.

Nos encontramos ante la increíble situación en la que los secretos del ser humano están a punto de ser descubiertos, dándonos la oportunidad extraordinaria de mejorar la calidad de vida, pero con el alto riesgo de convertirlos en víctimas de inescrupulosos grupos económicos y de poder. Sin embargo, muchos creemos que el riesgo vale la pena.