El Comercio, 23 de junio del 2000
El analfabetismo tecnológico
La cocinera de una empresa minera en la provincia de Huarochirí empleó alcohol metílico para preparar un cóctel que produjo la muerte de siete mineros que celebraban el Día del Padre. Ella ignoraba que esa sustancia es disolvente de pinturas y descubridor de metales en rocas; y que ataca órganos vitales, como el hígado, riñones, pulmones y corazón.
El mismo día, en el Callao se descubre almacenes mineros que contaminan el ambiente con partículas de plomo y zinc (hace algunos meses, ocurrió allí un incendio de una fábrica de baterías que también contaminó el ambiente con plomo).
Esas sustancias son dañinas para el sistema nervioso, el cerebro, los nervios, la sangre, y el riñón. El plomo produce anemia, debilidad y parálisis en particular de puños y rodillas. En niños, retarda el desarrollo motor, altera la memoria y provoca problemas de audición y de equilibrio; en adultos, produce aumento de presión arterial.
Los mencionados eventos suceden pocas semanas después de que un camión regara mercurio a lo largo de una carretera que pasa por un pueblo de la sierra cajamarquina. Los niños, sin saber el riesgo que corrían, recogieron las gotas del metal, las llevaron a sus casas, provocando la intoxicación de sus seres queridos. A temperatura del ambiente, el mercurio es un líquido de color gris claro brillante, levemente volátil. Esta última propiedad permite la generación de vapores.
Debido a la toxicidad de los vapores de mercurio, por ejemplo, los procesos industriales que los involucran se realizan en cámaras herméticas. El mercurio, en forma de vapores y sales solubles en el agua, corroe las membranas celulares. El envenenamiento crónico por ingestión de ese metal provoca daños casi irreversibles en el cerebro, el hígado y los riñones. El mercurio se evapora y regresa en forma de lluvias ácidas; es absorbido por las plantas y los animales acuáticos, los que lo integran a la cadena alimenticia.
(El mercurio tiene innumerables usos. Se combina con numerosos metales – entre los que se cuentan el oro y la plata – para formar aleaciones llamadas amalgamas, por lo que es usado en extracción de esos metales. Debido a que la dilatación del mercurio es proporcional a la temperatura, una de las más conocidas aplicaciones es la construcción de termómetros. Sirve también para la elaboración de lámparas de rayos ultravioleta. En medicina, es utilizado como antiparasitario y antiséptico, en pomadas dermatológicas, en forma de óxido de mercurio. Las amalgamas de plata son la base para obturación de caries dentales).
La forma irresponsable en la que fue manejado el mercurio por la empresa que lo transportaba y la manera en la que fue manipulado por una población, se debieron al desconocimiento, por parte de todas las partes involucradas, de sus propiedades más importantes.
Desgraciadamente, estos lamentables eventos forman parte de una avalancha de hechos similares, producto de un analfabetismo científico y tecnológico de la población. Cabe preguntarse qué han hecho el Ministerio de Educación y su organismo especializado, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concytec), sobre la difusión de conocimientos básicos de ciencia y tecnología, en especial aquellos relacionados con los riesgos tecnológicos.
Actualmente por ejemplo, en el mundo desarrollado, se realizan diversos coloquios científicos sobre los riesgos de las microondas con las que funcionan los teléfonos móviles. Existen recomendaciones sobre las instalaciones de antenas de repetición. Como es notorio, este tipo de antenas comienza a invadir las azoteas de varias residencias limeñas, sin ninguna advertencia del peligro. ¿Tendrán los propietarios de esas residencias conocimiento de los riesgos que están corriendo, o comenzarán a preocuparse cuando alguno de la familia tenga una rara enfermedad, entre las que no está excluida la enfermedad de Alzheimer? Cuando ello comience a ocurrir, seguramente nadie se va sentir responsable.
Puede notarse un virtual abandono estatal de la alfabetización científica y tecnológica. Ante ello, y considerando que es de interés nacional la protección contra los riesgos que corre la población, es urgente que se fortalezca las redes privadas de instituciones educativas especializadas, entre las que se cuenta el Ceprecyt, el que junto al Instituto de Ciencia y Tecnología (ICT) de la Universidad Particular Ricardo Palma están realizando esfuerzos en ese sentido.