El Comercio /Opinión/ 09 de Mayo del 2001
La convergencia tecnológica
En la sexta Reunión de Ministros de Comercio del Acuerdo de Libre Comercio de América (ALCA) -llevada a cabo recientemente en Buenos Aires- se acordó profundizar el estudio de los mecanismos tendientes a reducir la creciente brecha digital en el Hemisferio. El acuerdo fue ratificado en la Cumbre de las Américas, realizada en Québec. Casi en concordancia con ambos eventos, en Lima, OSIPTEL organizó el Seminario Internacional sobre “Tendencias de las Telecomunicaciones Inalámbricas”, cuyo protagonista fue la llamada tecnología de tercera generación o 3G, global, digital e inalámbrica (la 1G corresponde a las comunicaciones analógicas y la 2G a las primeras comunicaciones digitales). Para lograr la transición tecnológica generacional, en el Perú hay varios temas que deberán ser tratados con urgencia.
Cuando empezó la carrera de la telecomunicaciones, cada país adoptó, casi independientemente, el resultado de sus investigaciones y prioridades en el campo. Ello dio lugar a un caos tecnológico atiborrado de incompatibilidades, el que comprometió también la división del espectro electromagnético, la que fue realizada repartiendo, entre los diversos sectores de las actividades, las diferentes bandas del espectro electromagnético. De modo que una tecnología de uso global tenía que pasar por un proceso de reacomodos y cambios tendientes a un “esperanto cibernético”.
Por otro lado, para que los usuarios de los servicios de una empresa puedan comunicarse con usuarios de cualquier otra, debe interconectarse infraestructuras levantadas individualmente por las empresas involucradas. Condición ésta que entraba en aparente contradicción con los intereses de las empresas dominantes, las que habían invertido en enormes infraestructuras.
En la Conferencia Administrativa Mundial de Radiocomunicaciones 1992 (CAMR-92) se identificó el espectro requerido por los “Futuros Sistemas Públicos de Telecomunicaciones Móviles Terrestres” o FSPTMT, que incluirá la transmisión de voz, datos, imagen y vídeo. Ante la mencionada babel tecnológica se piensa en un estándar flexible para telecomunicaciones inalámbricas globales, que permitiera el uso de los estándares existentes mediante el cual fuera posible comunicaciones desde cualquier punto y que llegue a cualquier otro donde existiera un terminal de la infraestructura instalada (aparatos móviles, fijos, a través de redes públicas y privadas, las mismas que pueden ser terrestres o por satélite) usando un único plan de identificación de equipos.
Luego se adoptó el nombre International Mobile Telecommunications 2000 o IMT-2000, o Tercera Generación o 3G, apuntado a su puesta en operación para el año 2000. Debido a las dificultades antes enumeradas, el inicio ha sido postergado un par de años, durante los cuales los diversos agentes tecnológico-comerciales realizan intensas investigaciones sobre nuevos equipos y terminales, así como de adaptación de las redes actuales.
El IMT-2000 tiende, entonces, a contar con: compatibilidad de servicios IMT-2000 y de las redes fijas, elevada calidad, tamaño pequeño del terminal con uso a nivel mundial, capacidad de itinerancia (roaming) en todo el mundo, y capacidad de aplicaciones multimedios y amplia gama de servicios y terminales.
El Perú se encuentra, como en otros campos, en la zaga de la carrera digital. Un reducido número de peruanos tienen acceso a los beneficios de las tecnologías de la información. El advenimiento de las 3G -que ya son usadas en Japón, por ejemplo- abre las esperanzas de un gran salto, de la incomunicación del 90 por ciento de pueblos alejados a una comunicación total y global. Esta incomunicación es lo que OSIPTEL trata de resolver parcialmente mediante concesiones a empresas que hoy compiten en el mercado nacional.
Pero persiste un problema que es tema de conversación entre profesionales de diversas especialidades: los contenidos. Se trata de usar las tecnologías para generar y exportar conocimientos. No es sostenible una situación en que se invierta miles de millones de dólares en comprar tecnologías extranjeras, cuyo uso en sí significa un bomba succionadora de cantidades similares mayores que las invertidas, sin dar como resultado una exportación significativa de conocimientos.
En suma, hemos perdido la oportunidad de llevar las tecnologías 1G y 2G al Perú entero; y ya viene las 3G, mucho más caras, con mayores oportunidades, las que serán bien aprovechadas en la medida que estemos desde ahora en capacidad de generar tecnologías y dejar la indignante situación de mero consumidor de “high tech” y exportador primario.