16 Mayo, 2004
Físico nuclear
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El Comercio/ Opinión/ 13 de octubre del 2002

¿Cuándo se mató la curiosidad y cómo revivirla?


Una científica nuclear peruana, luego de jubilarse se inscribió como alumno de historia en la Universidad Católica e inició una investigación sobre los ancestros cusqueños de su esposo. Su compulsiva necesidad de conocer parte de la historia peruana la llevó a emprender toda una nueva carrera y una nueva aventura intelectual.

Como esta experiencia, hay varias relacionadas con la curiosidad humana, tan humana como el amar y la necesidad de ser amado. Sin embargo, la mayoría de la gente ha perdido el interés en la historia y en la naturaleza, erosionándose así la base del progreso científico y desarrollo tecnológico. Surgen entonces interrogantes cruciales para el futuro del país: ¿Por qué la mayoría de las personas ha perdido la flama de curiosidad? ¿Cómo hacer para que las nuevas generaciones la vuelvan a prender y mantener viva para siempre?

El Perú tiene una historia compleja, pero desafortunadamente, ha sido esquematizada en los colegios a tal punto que deja de ser interesante para los niños, sobre todo porque se les enseña en forma memorística, la que es la mejor para aburrirlos en la escuela.

Pero los primeros ataques contra curiosidad se dan en el hogar. Los niños, en forma natural, acuden a los padres por respuestas a sus preguntas, o buscando simplemente el esclarecimiento de sus dudas. La mayoría de los padres, sea por ignorancia o por falta de tiempo, rechaza las preguntas de los hijos, matando lenta pero ineluctablemente al futuro escritor, científico o ingeniero. Lo mismo pasa con los niños que quieren desarmar todo cuanto se encuentre a su paso: son reprimidos a tal punto que terminan para siempre con la mano en los bolsillos, sin gusto por armar o construir nada.

La televisión remata la obra destructiva. Incentiva el pasivismo y el chisme, este último como una forma perversa y caricaturesca de reemplazar la curiosidad natural del ser humano. Los comentarios de casi toda la reunión giran alrededor de los escándalos mórbidos de personajes de diversa importancia en la vida nacional. Los padres que pudieran hacer algo por corregir esta situación están enfrascados en la modernidad de la supervivencia, con horarios de trabajo que van contra la vida familiar.

Planteados algunos elementos de respuesta a la interrogante ¿cuándo se mató la curiosidad en el Perú?, debemos buscar cómo revivirla. Para los padres que comprenden el problema, el proceso es relativamente sencillo, pero requiere tiempo – el tiempo que debe pertenecer a los niños -. Todo empieza por dejar huir a las preguntas de los hijos, y, cuando se desconozca la respuesta, buscarla con ellos en las hoy innumerables fuentes de información. Luego se trata de enseñarles a experimentar y buscar interpretación sobre fenómenos naturales que pueden reproducirse en casa. Desde pequeños deben aprender con los padres a solucionar problemas de la casa, basados en los conocimientos tecnológicos. Debemos conversar en familia sobre los ancestros, la historia, el origen de las religiones, la política, u otros temas que inciten la curiosidad.

En contadas familias se da a los niños las oportunidades arriba señaladas. El problema es qué hacer con la gran mayoría de niños que intelectualmente están librados a la suerte de ellos mismos y de la televisión. Se trata de una tarea gigantesca a largo plazo del Estado, cuyos primeros resultados lo verán las nuevas generaciones. Esta tarea comienza por crear en todo el Perú centros que incentiven la ciencia, la tecnología y la cultura en general. Promover para que las asociaciones civiles inviertan en ello. Crearlos en los mismos centros educativos, dándoles características de esparcimiento, donde se goce aprendiendo y experimentando. Abrir esos centros a los padres, para que aprendan a jugar aprendiendo con sus hijos pequeños. Hacer que los hogares sean unidos por la experimentación el familia y por la búsqueda de respuestas en el campo.

La escuela tiene que convertirse en un centro de esparcimiento y placer por aprender, donde haya lugar para la curiosidad, la experimentación, la investigación y la creatividad. Necesitamos una escuela de soluciones a los problemas humanos, muchos de los cuales han sido resueltos por hombres y mujeres que, desde niños, mantuvieron el bicho de la curiosidad.