El Comercio, 3 de febrero del 2003
Los riesgos de las ciencias espaciales
La desintegración del transbordador Columbia ha conmocionado a la comunidad científica y, al mismo tiempo, muestra las nuevas características de la ciencia: cada vez más internacional y multidisciplinaria, con aplicaciones que apuntan al mediano y largo plazo y con participación del Estado, la empresa y la universidad.
La tripulación estaba compuesta por el ingeniero mecánico y piloto Rick Husband, el piloto de prueba William C. McCool, el físico Michael Anderson – responsable de la misión científica -, el aviador y cirujano David Brown – responsable de experimentos biológicos -, la ingeniera aeroespacial de origen indio Kalpana Chawla, la médica Laurel Clark – responsable de experimentos biológicos – y el piloto israelí Ilan Ramon. Durante los 16 días de vuelo, los astronautas se organizaron para llevar a cabo unos 80 experimentos.
La particularidad del ambiente en un transbordador espacial es la ingravidez que se tiene en el espacio. La empresa Spacehab, en convenio con la NASA, vendió el 18% de la capacidad del módulo. En ello se cuenta investigaciones de la Agencia Espacial Europea (ESA), como también estudios comerciales. La NASA usó el 82% restante para sus propias investigaciones, referidas a la biología espacial.
En ciencias físicas, el equipo del Columbia realizó experimentos de combustión, producción de hollín y apagado de fuego en microgravedad. También se estudió la compresión de materiales granulares en condiciones de ingravidez, lo que debió permitir comprender mejor las técnicas de construcción en zonas de terremotos o deslizamientos. Asimismo, se evaluó la formación de cristales de zeolita, que constituyen poderosos catalizadores de reacciones de refinería, procesos biomédicos u otras reacciones de diversas aplicaciones. Hubo experimentos con líquidos presurizados de xenón, para simular el comportamiento de fluidos como la sangre en los capilares.
Se hizo cultivo de células en ingravidez para estimular su desarrollo y aumentar sus características genéticas. Unas estaban destinadas a la curación del cáncer de próstata y otras para aumentar la producción de plantas. También se evaluó el valor comercial de la producción de plantas en ingravidez. La formación de cristales proteínas en microgravedad apuntaban a la producción de medicinas con menos efectos secundarios. Se investigó técnicas de encapsulado de medicina contra el cáncer y los efectos de la ingravidez en insectos.
La NASA estaba interesada en estudiar los problemas cardiovasculares, musculares y óseos, pero también la respuesta a la tensión nerviosa que causan los viajes espaciales en los astronautas. Se estaba probando nuevas tecnologías de reciclamiento de agua, pensando en la Estación Espacial Internacional. Los experimentos de la ESA estaban relacionados con la salud de los astronautas y funciones biológicas. La ESA, como la NASA, investiga aspectos tecnológicos de la carrera espacial. Universidades, colegios y empresas compartieron los sueños de los tripulantes del Columbia. Parte de los datos obtenidos fueron transmitidos a Tierra, pero la tragedia ha frustrado la misión.
Cuando culminen las investigaciones sobre el accidente, se corregirán errores y se reanudarán las investigaciones. Como dijo el presidente George W. Bush, la causa por la que murieron los tripulantes del Columbia continuará. La ciencia ha tenido un día trágico, pero los científicos están siempre prestos a tomar la posta.
Solo nos queda recordar que el astronauta peruano Carlos Noriega debe participar en una misión espacial. Aunque, por lo ocurrido, ésta será retrasada. Los esfuerzos por lograr la colaboración de los científicos peruanos, en torno al Instituto Internacional de Investigaciones para el Perú, deberá culminar con la realización de un experimento espacial de interés para nuestro país. Uno de los campos a estudiar podría ser el cultivo de plantas peruanas en ingravidez. Este será el mejor homenaje a los héroes espaciales de la ciencia y el inicio de la ciencia espacial humana.