Contaminación del agua: problema soluble
Escribe Modesto Montoya
Según estudios de la FAO, el Perú cuenta con 12 200 lagunas en la sierra, más de 1 007 ríos y una producción fluvial de entre 100 000 y 300 000 m3/s en el río Amazonas. El INEI informó que, en 1998, la facturación por uso doméstico fue de 300,3 millones de metros cúbicos (78% de la producción total). El uso comercial constituyó el 11,4% de la producción total. El resto correspondió al sector estatal y al industrial. El gran problema que sufren estos recursos naturales es la contaminación que viene de todos lados.
En 1998, el 44,7% de los hogares a nivel nacional contaban con servicios de desagüe por red de tuberías. El 86% de los vertimientos domésticos no recibieron ningún tipo de tratamiento.
La agricultura contamina las aguas superficiales al utilizar intensivamente insumos químicos como plaguicidas, herbicidas y fertilizantes inorgánicos. Estos pueden incluso bajar de nivel y contaminar las aguas subterráneas.
Algunas industrias usan el agua como vehículo para eliminación de residuos, desechando sales orgánicas, materiales alcalinos y ácidos, materia orgánica, materiales en suspensión, materiales flotantes, agua caliente, materias colorantes y espumosas, entre otros.
El narcotráfico afecta las aguas de los ríos de la zona de selva alta, donde se produce cerca de 300 mil toneladas de hojas de coca. El uso de agroquímicos y fertilizantes en dosis altas produce efectos tóxicos en la fauna de los ríos de la selva. Peor es el impacto del uso de químicos para la preparación clandestina de la pasta básica de cocaína: los residuos son vertidos a los sistemas de desagüe y alcantarillado doméstico.
El grado de contaminación por el drenaje de minas subterráneas y superficiales y el agua de los relaves llegan a situaciones extremas como en los casos del Lago Junín y del río Mantaro. La explotación informal del oro que realizan cientos de pequeños mineros en las orillas de los ríos como el Madre de Dios, el Inambari y el Marañón, entre otros, es fuente contaminante fuera de todo control.
La actividad petrolera contamina por derrames esporádicos y por el vertimiento de las aguas de formación, cargadas de sales y ciertos compuestos metálicos. La concentración de la sal en el agua que surge en el proceso de extracción petrolera es 10 veces mayor que la del agua de mar, y es arrojada a los ríos.
La industria es responsable del 83% de la materia orgánica vertida al río, mientras que las ciudades son responsables del 51% de la contaminación microbiológica (bacilos coliformes fecales). En la zona de Chosica y Ricardo Palma la contaminación bacterológica es 225 veces más de lo que puede permitirse.
Como consecuencia de los niveles de contaminación que tiene el agua del río Rímac, el costo de tratamiento se ha incrementado tanto que se tiene que usar cantidades crecientes de cloro.
Finalmente, todos los residuos que se vierten en los ríos llegan al mar. Por ello es evidente el deterioro en la calidad de las playas de Lima y explicable el temor de los vecinos ante la posibilidad de tener un colector cerca de sus casas. En 1995, el 29% de las playas tenía la calificación de muy buena; y en el año 1999 se ha reducido a 20%. Paralelamente, la categoría regular ha pasado de 20% en 1995, a 42% en 1999.
¿Qué hacer ante esta contaminación del agua, aparentemente incontrolable? En primer lugar debe contarse con un centro de investigación interdisciplinaria para identificar los orígenes y la dinámica de la contaminación. Este mismo centro deberá investigar y proponer las tecnologías limpias para reemplazar aquellas obsoletas y contaminantes. Pero, sobre todo, tiene que emprenderse una campaña educativa sobre el ambiente en todos los ámbitos de la sociedad. Muchos ni siquiera saben el daño que se están haciendo cuando contaminan, ni conocen las normas existentes para la protección del ambiente. Y las autoridades, sólo tienen que hacer respetar esas normas. Eso lo que parece realmente imposible en el Perú …
Lima, 6 de abril 2008