Diario "La República" 24 de marzo 2008
| Nuestros vecinos nucleares |
MODESTO MONTOYA. Doctor en física nuclear, miembro de la Academia Nacional de Ciencias y director fundador del Centro de Preparación para la Ciencia y Tecnología (CEPRECYT). Elízabeth Prado.
Chile no tiene las caídas de agua que tenemos nosotros, su potencial hidráulico es insuficiente. Tampoco tiene gas, lo compra con dificultades a Argentina y Bolivia. Algo más, este año ha sufrido sequías. De ahí que vea más conveniente construir centrales nucleares y, por supuesto, las empresas norteamericanas estarían dispuestas a hacer negocio construyéndoselas. Otro vecino, Brasil, también planea nuevas plantas nucleares… Así es. En materia de energía nuclear, Brasil ha establecido un convenio de colaboración con Argentina, el otro país de América del Sur que cuenta con reactores nucleares para generar electricidad. Ambos países se han asociado para producir todo el combustible nuclear que necesitan. Brasil tiene una capacidad instalada de 92 mil megavatios de potencia, el 93 por ciento de origen hidráulico. El resto lo completan con gas. Las restricciones surgidas a raíz de la política de estatización de Bolivia han llevado a Brasil a la decisión de construir centrales nucleares. Pero la energía nuclear también se usa para otro fines, como los bélicos, ¿no le preocupa esta vecindad atómica? Los países de América Latina, como la mayoría de los países del mundo, han firmado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, mediante el cual se han comprometido a no usar la energía nuclear para fines no pacíficos, por lo que están sujetos a una estrecha vigilancia por parte de las Naciones Unidas, a través del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Los países firmantes reciben regularmente a los inspectores de este organismo, los cuales indagan cualquier actividad anormal y tienen facultad para hacer un inventario detallado del combustible nuclear. ¿Por qué hoy día proliferan las plantas nucleares con fines pacíficos? Porque contrario a lo que ocurre con los combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas–, la quema de combustible nuclear no genera gases invernadero (dióxido de carbono y metano) que retienen el calor del suelo generado por las radiaciones solares y acentúan el calentamiento del planeta. Además, estos gases son cancerígenos, o sea, elevan la probabilidad de cáncer en la población que respira el aire contaminado por las chimeneas de esas centrales. La energía nuclear no produce tales efectos, aunque sus residuos radiactivos deben ser procesados y almacenados siguiendo exigentes normas de protección. ¿No resulta más costosa la construcción de una central nuclear? En realidad, los reactores nucleares producen energía a un costo ligeramente mayor que las centrales hidroeléctricas y algo similar a las centrales a gas, considerando el elevado precio internacional del gas natural. En el caso del Perú, los contratos con las empresas que extraen y comercializan este combustible han permitido establecer un precio que es equivalente a la cuarta parte del precio del gas en Estados Unidos. Por esta razón, al Perú le resulta más barato quemar gas. ¿El gas aleja el desarrollo de energía nuclear en el Perú? Depende de la política energética que tengan los gobiernos. Hasta que se tenga gas a precio reducido, las empresas privadas van a preferir usar el gas. Sin embargo, dados los efectos de los gases invernadero, responsables del temido calentamiento global, el mercado internacional va a empezar a penalizar las tecnologías generadoras de esos gases. Y las tecnologías que no generan gases invernadero –como la energía nuclear– van a recibir bonos especiales, para incentivarlas y evitar la catástrofe climatológica. Cuando eso ocurra, las empresas podrán construir las centrales nucleares que sean necesarias. ¿Perú tiene la materia prima para una central nuclear? Tenemos uranio natural en Puno, pero para que éste sea combustible debe ser enriquecido y ese proceso es costoso y tecnológicamente complejo.
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