Entrevista de Agronoticias Año XXX Edición No 328, 31 de enero - 25 de febrero
“LA CORDILLERA DE LOS ANDES ES UNA ESPONJA DE AGUA”
Así sostiene el científico Modesto Montoya Zavaleta, ex Presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear y miembro de la Academia Nacional de Ciencias
Para aprovecharlas sólo habría que construir galerías debajo de las montañas, por donde extraer el agua acumulada por varios años en los bolsones hídricos, los que serán renovados —por lo menos parcialmente— por las lluvias estacionales.
Una tesis novedosa y audaz que merece seguirse con particular atención:
Contra lo que muchos piensan, la Cordillera de los Andes es una esponja de agua. Pues en el interior de las montañas se encuentran pequeños y grandes depósitos de agua que —con ayuda de la ciencia y la tecnología— puede determinarse si permanecen encapsuladas allí desde tiempos inmemoriales o si son resultado de lluvias recientes o de ambas cosas a la vez.
Quien sostiene esto es nada menos que el doctor en física nuclear Modesto Montoya Zavaleta (Salpo, Otuzco, La Libertad, 24 de febrero de 1949; promoción 1974 de la UNI y 1981 de la Universidad de París, Francia), ex Presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN) y miembro de la Academia Nacional de Ciencias.
Entonces, mediante la construcción de galerías internas en las montañas se puede hacer “radiografías dinámicas del agua” y establecer las cantidades aprovechables para la agricultura, la industria y el consumo humano.
Cabe precisar que la diferencia entre galerías y túneles es que éstos tienen salida.
PRUEBAS
Tres ejemplos abogan en favor de tal tesis, según el científico:
●El primero es la galería “Graton”, con 11 kilómetros de largo, ubicada en San Mateo, provincia de Huarochirí, Lima. Fue construida por una empresa minera para extraer hacia el río Rímac el agua de subsuelo que inundaba a sus socavones. La instalación atravesó tres fallas geológicas por donde también salían aguas filtradas de la cuenca del río Mantaro (al otro lado de la cordillera), según se determinaría mediante un estudio con el método de hidrología isotópica. Actualmente, dicha galería provee un caudal de cinco metros cúbicos por segundo (mayor al que trae el río Rímac en periodo de estiaje) y fue la que salvó a la capital de la república en la sequía en 1992.
●El segundo es una galería de unos 100 metros, ubicada en el Cusco, y
●El tercero es un estudio hecho para MINSUR, empresa que quería resolver el problema de sus minas inundadas y además ubicar las corrientes subterráneas para surtir agua a la población de su entorno.
Y en el ámbito internacional, según la misma fuente, destaca Islas Canarias, España, que no tiene ríos pero de cuyas montañas —mucho más pequeñas que las de los Andes—, también se extrae agua de ellas, mediante más de mil “galerías de aguas”.
A partir de estos hechos e informaciones afines, el doctor Montoya Zavaleta expresa que no debemos alarmarnos mucho ante el calentamiento global del planeta y la desglaciación de la cordillera de los Andes, porque “agua no nos va a faltar, si sabemos actuar con inteligencia”.
Lo que hace falta —¡cuando no! es decisión política para hacer los inventarios o mapas necesarios de los acuíferos andinos, especialmente frente a los desiertos y grandes ciudades de la costa.
TECNOLOGIAS
—¿Cuáles son esas tecnologías para ubicar esas lagunas enclaustradas en el interior de las montañas? —le preguntamos y la respuesta es:
“Son las mismas que se utilizan en la prospección petrolera: el sonido, el ultrasonido, la microgravedad, la microsísmica, los satélites, etc.
En efecto, si un técnico camina con medidores de gravedad descubrirá que en algunos lugares ésta (la gravedad) disminuye y en otros aumenta. Hay programas informáticos que traducen esa variación para determinar si hay bolsones de agua en el subsuelo.
Asimismo, es posible determinar si el agua que pueda extraerse es fósil o recargable por lluvias. A raíz de las explosiones atómicas en los años 60, el hidrógeno 3 —que es muy pesado— contaminó a la tierra, y, por consiguiente, al agua, aunque en una escala insignificante, sin impacto alguno sobre la vida. Entonces, si se encuentra hidrógeno 3 en una muestra de agua, se deduce que ella es resultado de la filtración de las lluvias en los últimos 40 años. En cambio, si dicha muestra no presenta trazas de hidrógeno 3, es agua que está empozada hace millones de años. Y si se la extrae, seguramente el depósito no se va a recargar.
—Parece que, efectivamente, Dios es peruano —manifiesta sonriendo el Dr. Montoya, para luego añadir con seriedad:— Nos ha dado minerales, petróleo, gas, bosques y, además, unas hermosas montañas que contienen agua aún no explotada. Las fallas geológicas se comportan como depósitos hídricos y, cuando son compactas y no hay fisuras, no dan salida al agua.
Y luego agrega:
—Como los Andes se formaron mediante placas de rocas ígneas superpuestas, y entre estas, en algunos casos, hay material poroso donde se deposita el agua, podemos decir que debajo de las montañas y desiertos hay bancos de agua de diferente tamaño.
Al respecto, el Ing. Luis Elías, de la Universidad de Hawai, sostiene que con la tecnología utilizada para los pozos petroleros se puede hacer perforaciones en los desiertos del Perú y lograr géiseres de agua útil, debido a la alta presión existente en los respectivos depósitos.
—He visto varios géiseres en las montañas del sur, pero no en la costa” —manifiesta el Dr. Montoya, para luego añadir: —Hay que ayudar a la Naturaleza, haciendo agujeros artificiales, para que salga el agua de las profundidades.
Otra de las formas de ubicar las napas subterráneas es aplicando pequeñas explosiones y haciendo estudios microsísmicos: se lanza el sonido y el rebote ofrece información sobre el subsuelo.
Igualmente, con los trazadores radioisotópicos se puede conocer de dónde proviene el agua. Basta ponerlos en lagos, lagunas de las zonas altas, para conocer si las filtraciones proceden de esas fuentes o no.
—Todo el mundo sabe que la fórmula de la moléculas del agua es H20— explica el científico—. Sin embargo, pocos saben que el hidrógeno puede tener tres isótopos con masas: 1, 2 y 3, pero que sigue comportándose como hidrógeno. Asimismo, el oxígeno tiene tres isótopos estables con masas 16, 17 y 18. La masa del agua más estable y abundante en la naturaleza es 1 más 1 más 16, es decir 18. Pero si un hidrógeno pesa como 2 y el otro como 2, tendremos 4; y si el oxígeno es 18, el resultado será una masa de 22: un agua más pesada.
Cuando el agua se evapora, las moléculas más masivas caerán primero y las más livianas se irán a la parte superior. Hay una relación entre la masa del agua y la altura a la que cae como lluvia. Así, según la masa del agua, se determina la altura de la que cayó como lluvia. Con la técnica de espectrometría de masas puede medirse la masa del agua, y con esa masa deducirse la altura a la que cayó.
CONTAMINACION
—¿Con las técnicas nucleares se puede medirse la contaminación del agua?, preguntamos y la respuesta es positiva. Veamos cómo:
Cuando las empresas mineras dicen que no contaminan a las fuentes hídricas y las comunidades u ONGs sostienen lo contrario, la mejor manera de resolver la controversia es poner un radiotrazador en el ambiente donde se procesan los minerales y detectores en las cercanías para determinar si el agua utilizada y tratada tiene trazas de contaminación.
Hay un ejemplo que grafica la aplicación exitosa de esta tecnología. Hace algunos años, SEDAPAL advirtió que el agua llegaba a sus instalaciones con una mayor cantidad de arsénico. El problema era conocer cuál era la fuente emisora, a lo largo del río Rímac.
—Con técnicas isotópicas y trazadores se determinó dónde estaba ubicada esa fuente contaminadora y el emisor fue cerrado—, recuerda el Dr. Montoya.
Asimismo, varias lagunas de Huancavelica están contaminadas por operaciones y herencias irresponsables de la vieja minería. Con un movimiento sísmico u otro fenómeno, las aguas de esas lagunas podrían filtrarse hasta las napas freáticas que alimentan a Ica y las consecuencias para la agricultura de ese departamento serían catastróficas. ¿Este cuadro tiene remedio?.
—Sí —asegura el científico— La solución se llama biorremediación. Si un equipo de biólogos, químicos y físicos –con el soporte de un laboratorio- investiga cada laguna en forma independiente, se determinará su grado de contaminación y la fórmula que debe aplicarse para captar los metales pesados, apelando a microorganismos y plantas apropiadas.
En aras de ello, entre otras cosas, debería crearse el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, “para limpiar al Perú, antes que sea muy tarde”, plantea el Dr. Montoya.
Sobre el particular él refiere que Francia —país que hoy ya no hace minería— ha evaluado cuánto dinero necesitaría para limpiar todo lo que ensuciaron sus minas en los años 50. Y ha llegado a la conclusión de que son decenas de miles de millones de dólares. Pues, si no se aplica tecnologías adecuadas en las explotaciones correspondientes, limpiar o remediar la contaminación, puede resultar más caro que lo ganado con la extracción de minerales.
—El problema de hoy —señala lúcidamente el Dr. Montoya— no son las grandes empresas mineras que utilizan tecnología de punta en sus operaciones, sino los miles de mineros informales que utilizan cianuro, con el que se envenenan ellos mismos y envenenan a su entorno, generando graves problemas ambientales, económicos y sociales.
Exactamente, eso es lo que está ocurriendo —ahora mismo—en Salpo, Otuzco, tierra natal del personaje. Primero llegó la compañía Northern, que dejó destrozo y medio. Luego arribarían otras dos empresas a catear oro y, como no hallaron la cantidad esperada, se retiraron. Finalmente, se abalanzaron los mineros informales que ahora están contaminado suelos y riachuelos que van al río Moche, quizás el río más contaminado de la Costa.
—¿Es eso progreso? —se pregunta el científico, muy dolido por lo que viene ocurriendo en Salpo, desde donde él salió a la edad de tres años, rumbo a Chimbote, otro “monumento a la contaminación”.
ESTUDIAR
Volviendo al tema central de esta crónica, para rematar: Todo lo aseverado por el Dr. Modesto Montoya Zavaleta merece la máxima atención del país. Y no sólo para determinar —con tecnologías nucleares y satelitales— el potencial aprovechable de las lagunas y posiblmente hasta de los rios subterráneos de la Cordillera de los Andes; sino también para utilizar esas mismas técnicas para la recarga dirigida de los acuíferos que nos interesen, acumulando lluvias o desviando parcialmente ríos hacia pozos que sean identificados como ideales para recarga.
●NOTA DE REDACCION: Quienes deseen profundizar en los temas abordados por el Dr. Modesto Montoya, entre a su página www.modestomontoya.org y tendrán todos sus coordenadas y actividades de promoción de la ciencia y la tecnología en el Perú, a las que pueden unirse los lectores.